lunes, 2 de agosto de 2021

LA TAREA DEL ESCRITOR

Luis Landero. El balcón en invierno



Las palabras de Luis Landero sobre el arte de la escritura son de lo más acertadas que he podido leer en estos días. Se encuentran en su apasionante autobiografía El balcón de invierno y nos remite a la necesidad del esfuerzo y del ánimo constantes para conseguir lo deseado:

"Escribir es lo más creativo, lo más gozoso, el soplo que da vida a las figuras aún inertes, lo que sería en el cine poner la cámara en acción o tomar sus pinceles el pintor tras algunos bocetos, pero también es lo más delicado y lo más arduo. Yo siempre me acerco al atril con el temblor del enamorado primerizo en los albores de una cita. Y por querer, yo quisiera escribir como un niño a quien el hombre sabio y experimentado, con destrezas adquiridas en muchos años de soledad y de estudio, viene a rendirle pleitesía, a ofrecerles presentes, como si el niño fuese un rey caprichoso y tiránico, pero legítimo y único rey al fin. Tantas mañanas de escritura, tantos atardeceres de descansar la mejilla en la mano, los ojos escocidos de tanto leer… (p. 21)

domingo, 20 de junio de 2021

LA NAVE DE LOS MUERTOS

 B. TRAVEN



Hace unos días he vuelto a ver la película de John Huston El tesoro de Sierra Madre basada en una novela de B. Traven. Mi curiosidad me ha llevado a consultar al novelista en internet y he descubierto que  Acantilado ha editado recientemente esa novela, además de  La nave de los muertos. Al leer la información de la editorial de esta obra me pareció tan sugestiva que decidí conseguirla y, efectivamente, su lectura no me ha decepcionado. 

He investigado en la biografía de este autor y sus datos ofrecen más dudas que certidumbres. Se trata de un escritor de múltiples facetas, un Peter Sellers de la narrativa, hasta el punto de que existen muchas sospechas sobre su verdadera personalidad; pero a diferencia del actor británico, es más que probable que el enmascaramiento en otras identidades se deba a la misma circunstancia vital del protagonista de La nave de los muertos, por tanto, habrá que seguir leyendo para saber qué sucede con él.  

El artículo de Jan-Christoph Hauschild "El hombre que se inventó a sí mismo" aclara alguno de esos datos. Parece ser que B. Traven nació en Alemania hacia finales del siglo XIX, aunque quizás su ciudad natal, Świebodzin, hoy pertenece a Polonia. A principios del siglo XX colabora como actor en diversos proyectos teatrales con el seudónimo de Ret Marut. Más tarde es responsable de la edición de la revista crítica Der Ziegelbrenner (El fundidor de ladrillos) en la que "postulaba el entendimiento y la amistad y los pueblos" y "apelaba a la sensatez y a la capacidad cognitiva del lector para descifrar la noticia dentro de la noticia"; curiosamente, la censura creyó que se trataba de una revista de albañilería. En 1919 se convierte en el responsable de prensa de la República Soviética de Baviera. Huye de Alemania y viaja a Austria y a Inglaterra, hasta que en 1924 llega a Tampico (México), donde probablemente, para no identificarse con la persona que fue en Alemania, hubo de cambiar su nombre y utilizar el de B. Traven con el que firmó sus creaciones literarias hasta su muerte en 1969.

La nave de los muertos tiene semejanzas con otras obras: como La nave de los necios, extenso poema alemán de Sebastian Brandt (1457-1521) con bellas ilustraciones, algunas de Alberto Durero, en que una serie de locos viajan en barco hacia el país de los tontos; la obra de teatro San Juan, de Max Aub, reúne a un gran número de judíos durante la II Guerra Mundial que vagan errantes en un barco sin que ningún país les dé acogida; similar argumento al de la película El viaje de los malditos (1976) en que el transatlántico San Luis con miles de judíos sale de Alemania huyendo del nazismo sin que Cuba les admita en su isla. La imagen inferior representa la pintura de Jerónimo El Bosco titulada La nave de los locos sobre el mismo tema.

La nave de los muertos desvela los avatares de Gerald Gates para poder sobrevivir en un mundo que le es hostil. La narración comienza con la pérdida de su barco Tuscaloosa y con ello su tarjeta de marinero. Indocumentado, deambula por Amberes hasta que la policía le pasa a la frontera de Holanda con unos florines para quitárselo de encima; pero luego es devuelto a Bélgica, después a Francia y a España.

El protagonista intenta conseguir un pasaporte o una tarjeta de marinero que le permita tener un medio de circulación sin contratiempos, pero sin éxito por el farragoso trajín de inacabables negativas de la burocracia. se convierte en un apátrida: "He aprendido que lo que llaman patria, incluso lo que llamamos con cariño tierra chica, está metido en conserva, guardado en carpetas entre miles de expedientes y representado por funcionarios que se encargan de quitarle a uno cualquier sentimiento patriótico hasta que no queda ni rastro de él. ¿Dónde está mi patria? Allí donde nadie me moleste, donde nadie quiera saber quién soy, lo que hago o de dónde vengo, esa es mi patria, esa es mi tierra chica." 


Como indicara Stefan Zweig en El mundo de ayer -véase la entrada correspondiente en este blog-, también el protagonista de la novela de Traven se queja en primera persona de las consecuencias de la I Guerra Mundial. "Antes de la guerra nadie preguntaba por la tarjeta de marinero o por el pasaporte y la gente vivía tan feliz. Pero las guerras que se hacen en nombre de la libertad, de la democracia y del derecho de autodeterminación de los pueblos son siempre sospechosas. Sospechosas desde el día en que los prusianos comprendieron su guerra de liberación contra napoleón. Cuando se gana una guerra de liberación, en cuanto la campaña acaba, los hombres se quedan sin libertad, porque la guerra ha triunfado sobre la libertad." Joseph Roth en La cripta de los capuchinos abunda sobre esta idea señalando que en esa guerra no participó todo el mundo, a pesar de su denominación; sin embargo, "como consecuencia de ella, todos nosotros perdimos un mundo: nuestro mundo."

Sobre ese concepto de libertad, la opinión de Gerald es muy clara, pues hay que desconfiar de quien enarbola ese término porque cuando uno tiene que ir pregonando a voces: «¡Somos un pueblo de hombres libres!», es que quiere ocultar el hecho de que la libertad se la han dado a los perros o que ha desaparecido entre cientos de miles de leyes, ordenanzas, disposiciones, instrucciones, reglamentos y porras de policía, que la han devorado como si fueran ratas, y sólo han quedado los gritos, el eco atronador de los clarines y la figura de una diosa que representa a la libertad.”

Por fin, cuando llega a Barcelona embarca en el Yorikee, el terrible barco de los muertos. En el camarote de la tripulación hay una inscripción de lo más halagüeña: "Quien entra aquí perece, su nombre y su ser se esfuman para siempre." En él nuestro protagonista trabaja como carbonero, con una tarea constante, inmunda y fatigosa, sin apenas descansos, durmiendo en un camastro que es una simple madera, junto a compañeros andrajosos y llenos de suciedad y sin luz eléctrica, con lámparas de petróleo que hacen irrespirable la sala de las calderas. La comida es escasa y nauseabunda y las ratas deambulan en plena libertad. ¿Qué transporta el barco, además de estas maravillas?, pues , ¡qué va a ser sino productos de contrabando! Por supuesto, nadie pregunta a nadie sobre la documentación personal. Todo un lujo para quien desea un crucero con todos los detalles de las atracciones turísticas.

Se podría decir que la invención narrativa del autor es asombrosa, pero si hacemos caso de las palabras de J. Ch. Hauschild, esa invención tiene un trasfondo de vivencia personal, pues allí se nos dice: "Yo no puedo sacarme nada de la manga (...). He tenido que aterrorizarme hasta casi enloquecer antes de poder describir el horror, tengo que sufrir yo mismo toda la tristeza y toda la pena del alma antes de hacérselas sufrir a las figuras a crear."

 


¿Cuánto hemos cambiado  desde aquella publicación de finales del XV de Sebastian Brandt? Permítanme que responda con claridad: ¡Nada, nada, nada! Basta observar la llegada de pateras a las costas europeas o contemplar cómo se persigue a embarcaciones, como el Open Arms o el Aquarius, que tratan de ayudar a inmigrantes que huyen del hambre, la guerra o, simplemente, un destino de miseria. Países que han aprobado los derechos humanos de asistencia y protección de la vida humana, tratan a sus ocupantes como apestados, pues traen el virus de la pobreza y solo transmiten el dolor. El egoísmo de los países desarrollados para cumplir un mínimo de esperanza con los pobres de la tierra es descorazonador. Es el mismo egoísmo que nos transmitía un amigo al considerar que vivimos bien y que no es necesario defender a partidos políticos que reclaman un reparto de la riqueza con equidad. "Aquí se vive bien", nos decía hace apenas unos meses. Mi respuesta fue si es necesario cerrar los ojos a las personas que viven con nosotros o más lejos y tienen sus necesidades básicas sin cubrir, si es necesario que los marginemos, mientras nosotros vivimos bien. Creo que ya he comentado en varios artículos de este blog esta idea que escuché hace ya unos cuantos años a mi compañero de Filosofía Fernando López Laso en aquellos inacabables claustros del IES Parla II: en este mundo globalizado si no hacemos nuestras las penalidades, desgracias y miserias de los países pobres no acabaremos con la pobreza, es decir, su pobreza también es la nuestra. Un mundo igualitario, independientemente de distintas etnias, religiones o intereses, es necesario. 

martes, 11 de mayo de 2021

FRIEDRICH HÖLDERLIN

 FRIEDRICH HÖLDERLIN (1770-1843)



Quien fuera uno de los poetas románticos más influyentes tuvo una vida dedicada al estudio. a la educación y a la poesía y, como señala Hans George Gadamer en La dialéctica de Hegel: "padeció la desgracia como poeta y como hombre", pues sus 36 últimos años los acabó confinado en la torre de Tübingen por su locura.

Desde muy joven perdió a su padre y a su padrastro y su madre le encaminó a la vida religiosa. Entró en el seminario de Denkendorf en 1784, continuó su desarrollo en Maulbronn dos años después y con dieciocho años ingresó como becario en el seminario de Tübingen, donde fue condiscípulo de Hegel, Schelling, Neuffer, Magenau o Stäudlin. Las normas impuestas a los becarios eran sumamente estrictas y de infringirlas podrían acabar en la cárcel. Recuerdo la visita que hicimos hace unos años a Heidelberg y pudimos comprobar cómo era la cárcel de los estudiantes (Studentenkarzer) de la época del autor. En las fotos adjuntas se aprecia de qué manera las ilustraban. 

Hölderlin siempre aprovechó satisfactoriamente sus  estudios. Terminó como magíster porque no se dedicó al mundo religioso, sino que se convirtió en educador personal de determinados hijos de familias adineradas de la región. Para entonces ya había contribuido con magníficos poemas en revistas y almanaques de la época y se encaminaba a la continua reescritura de su Hiperión o El eremita de Grecia.

Imbuido por las ideas republicanas surgidas en la Francia de la revolución, su visión del mundo chocó con la ideología predominante en la todavía inexistente Alemania. su punto de vista sobre la educación tiene la influencia de Rousseau como se aprecia en este texto de la biografía novelada de Peter Härtling (Hölderlin. Una novela), basada fundamentalmente en la correspondencia del poeta: Hölderlin "condena la educación que le impartieron, que le mutiló, que le frustró, que le enseñó la humildad y le negó la razón, que insistió en la culpa general y en el castigo individual, que le había preparado para la teología e incapacitado para la vida [...] El educador tiene que acercarse al niño en su esfera privada para convertirle en un individuo autónomo." A ello se refiere con estas palabras: "Tengo que sacar al niño de su estado de inocencia, del marco estrecho de su instinto, del estado de naturaleza, para conducirle por el camino que le permita ir hacia la cultura, tengo que despertar en él al ser humano, despertar sus necesidades superiores, una vez conseguido esto, puedo y debo obligarle a mantener siempre vivas estas necesidades y a empeñarse en tratar siempre de satisfacerlas."

Como preceptor del hijo de Jacob Gontard conoció a quien inmortalizó en sus poemas como Diotima y a la que amó desesperadamente hasta la muerte de ella. Se trataba de Susette, la mujer de Gontard. Peter Härtling recrea el momento de su enamoramiento: "No sé cómo empezaron las cosas, si se confesaron ya su amor en este refugio veraniego [en Pfingstweid, al este de Frankfurt], si paladearon ya su creciente y mutuo interés y la creciente tensión, también, sin expresarla con palabras. son detalles sin importancia -ya sabemos lo que es esto- que les conmueven o les hacen sufrir: el roce ligero de su hombro contra el brazo al pasear, el sonido de una sonrisa que de repente suena de otra manera, el que ella le llame involuntariamente mi querido, el que, al finalizar la lectura, la mano de ella se demore en la suya." Diotima es la amada recreada en Hiperión que acompaña al protagonista en busca de la libertad deseada para transformar el mundo a través de la poesía. 

De todos los poemas dedicado a su querida amada destacaré este fragmento:
"Tú, tú que reconciliaste antaño a los elementos ven a apaciguar en mí
gracia de las musas celestes, el caos del tiempo,
ven a cubrir el clamor de las batallas de los cánticos de paz del cielo,
hasta que en el corazón mortal del que está desgarrado reine aún la unión, 
hasta que del remoto abismo del tiempo renazca fuerte y alegre
la inmensa y serena naturaleza del hombre.

Las habladurías de ese amor mutuo propiciaron el despido de Hölderlin, aunque no impidieron que continuaran viéndose a escondidas. La muerte de ella dio comienzo a la terrible pesadumbre del poeta y a su agónico estado de dejadez y locura que le condujo a vivir hasta su muerte alojado en la torre de Tübingen gracias al carpintero Zimmer.

La estética de Hölderlin se manifiesta con absoluta vehemencia en todos sus textos. En la novela epistolar Hiperión dice: "olvídate de que hay hombres, miserable corazón atormentado y mil veces acusado, y vuelve otra vez al lugar de donde procedes, a los brazos de la inmutable, serena y hermosa naturaleza." La poesía es el medio idóneo para expresar su visión: "No puedo concebir ni comprender la historia sin un sentido estético. Y esto es lo que vuelve a poner a la poesía en el sitio que le corresponde de educadora de la humanidad."  Martin Heidegger en su breve ensayo Hölderlin y la esencia de la poesía señala algunos términos relativos al concepto de poesía expresados por el poeta romántico; "Es la más inocente de todas las ocupaciones", pero a la vez "se le ha dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con él cree y destruya, se hunda y regrese a la eternamente viva, a la maestra y madre." En estos términos resuenan los ecos de F. Nietzsche cuando apunta en El nacimiento de la tragedia que "sólo como fenómeno estético está justificada la existencia del mundo." Es como si el arte poética se convirtiera en la esencia de todo lo humano y su desarrollo consiguiera la transformación en una nueva religión, como así plantearon él y sus amigos Hegel y Schelling. En Hiperión se nos dice "El primer hijo de la belleza humana, de la belleza divina, es el arte." Y la poesía es la semilla que propicia esa belleza.

Es más que evidente la deuda que todos los poetas tenemos contraída con los escritores románticos y en especial con Hölderlin. En cierta manera uno de de mis poemas tiene esa influencia. Me refiero al poema que titulé "Palabra" y que cierra El eco de las voces, si bien está inspirado en un comentario del poeta sirio Adonis: "el hombre escribe y lee para liberarse, para destruir el poder -celeste o terrestre- no en nombre de otro Dios padre, sino en nombre del hombre mismo". En mi opinión contiene evidentes referencias de la obra del poeta alemán. Aquí se puede apreciar:

Sólo la palabra nos salva del espejismo
convierte la lucha en reclamo
fruto de inigualable savia.
La palabra es nuestra religión,
la inercia con que se rechaza
la liturgia del dios del sufrimiento,
de la lágrima avergonzada,
del camuflado perdón
que evoca la causa del poder.
La palabra anuncia lo desconocido
y convierte la obediencia
en la ansiada libertad.

Estos versos de su tragedia La muerte de Empédocles están puestos en boca del filósofo de Agrigento y dirigidos a su discípulo Pausanias, pero bien podrían estar referidos al propio Hölderlin como si él nos recitara en primera persona y nos ofreciera su resplandor en un espejo:

Cuando el espíritu floreció en mí, como floreces
tú mismo, te conocí, y lo grité, estás vivo,
y cuando, sereno, caminas en torno a los mortales
y, cn tu juventud celeste, haces resplandecer
la favorable luz que de ti emana sobre todas las cosas,
para que todas tengan el color de tu espíritu
la vida para mí también hizo poema.


domingo, 25 de abril de 2021

EL EXILIO INTERIOR. MIGUEL SALABERT

EL EXILIO INTERIOR




El término exilio interior -tan utilizado en el título de distintos artículos y obras literarias, el último ha servido para recordar a la incomparable María Moliner- fue acuñado por Miguel Salabert en un artículo en L'Express en 1958 y, como el propio autor comentó en este enlace, esa paradoja "comprendía a la España aherrojada, cautiva y marginada en su propio territorio físico, es decir, a todos aquellos españoles que resistieron pasivamente o cuya única colaboración con el franquismo consistió en no luchar activamente contra él." Después ese concepto se concretó en una novela publicada en Paris (1961), Nueva York (1963), Budapest (1964), Londres (1965), Bucarest (1967), Atenas (1985) y, por fin, en España en 1988 en la colección Memoria Rota. Exilios y Heterodoxias de la editorial Anthropos. El libro lo conseguí en mi querida Cuesta de Moyano de Madrid y tiene el autógrafo del autor. Todo un lujo para un coleccionista de libros.

En el prólogo de la edición española el autor analiza la situación del franquismo y sus palabras resuenan tan cercanas actualmente que producen escalofríos: "Afortunadamente, son muchos todavía los que no creen que el franquismo sea ya una vieja, una remota historia. Saben, como yo, que continúa enquistado en modos y hábitos profundamente enraizados en nuestra sociedad, que está más embalsado que embalsamado." Efectivamente, aún hoy tenemos en nuestras manos la "fortuna" de discernir determinadas conductas que sólo permiten que el odio y el enfrentamiento brutal y fratricida perdure. Hoy somos muchos quienes deseamos que se erradique de nuestras instituciones y de nuestra formas de concebir el mundo.

La novela se divide en tres partes: "Los años inhabitables (1936-1951)", un breve "Paréntesis para Juana (1936)" y "El tiempo estancado (1951-1955)".

En la primera parte el autor nos presenta la tragedia con ciertas notas de humor. El protagonista es un niño que desea ir a la guerra a combatir como lo hace su tío Juan, pero no le deja su madre por tener que acudir a las colas del hambre y, cuando hay bombardeos, al refugio. "Las primeras noticias que tuve de los hombres fueron las bombas." Al acabar la guerra su padre es encarcelado. torturado y condenado a la pena de muerte; mientras, la hambruna permanece como una rutina difícil de despedir. Con su prima Andrea juega "a comer": 

"Aquello tomaba el aire de un gran banquete. Nuestro olfato aspiraba los olores imaginarios con una inmensa delectación. Pronto todo estuvo terminado y Andrea me llamó a la mesa. 'Comimos' con tal convicción, que ya no sabíamos dónde empezaba la realidad y acababa la ficción. Pero cuando acabamos, el hambre, la misma hambre familiar, fiel, obsesiva, aquella hambre nuestra de cada día, de cada minuto, nos envolvió a la realidad. Andrea hizo todavía un supremo esfuerzo por no rendirse.
-¿Te has quedado con hambre? -me preguntó.
-Sí, un poquito.
Andrea hizo entonces algo heroico. Sacó de un cajón lo único que tenía en la vida: un muñeco de celuloide, que amaba con una ternura casi cómica.
-Vamos a comérnoslo. De postre.
Ella mordió el muñeco por un brazo y yo por una pierna."

La hambruna en aquella época está recogida en la memoria de nuestros antepasados recientes y en multitud de obras que resaltan la terrible realidad que les atenazaba y que, aún hoy, nos comunican los medios. De aquel entonces recordaré lo que dice Antonio Rodríguez Almodóvar en sus Memorias del miedo y el pan: "las ganas de comer era algo que, por mucho que malcomieran, nunca conseguían quitárselo del todo. siempre quedaba un remanente de hambre, hambre."

Después de ser expulsado de un colegio católico de las mejores familias de Madrid por desobedecer a un compañero y darle una paliza, el protagonista abandona un convento de capuchinos, se convierte en ayudante de una barbería, trabaja en una botica, luego es fotógrafo, vende seguros, peines, hojas de afeitar... "Si el presente era incómodo, el futuro era para darse de baja. [...] Se trataba de sobrevivir, o más exactamente de subvivir, las veinticuatro horas de cada día."

Por fin, conmutan la pena a su padre y, más tarde, sale de la cárcel. El silencio del padre contrasta con el personaje de Emilio, hermano del protagonista, que consigue todas las ventajas que ofrece el régimen al convertirse en falangista y lograr los beneficios que la dictadura facilitaba a unos pocos. A veces el padre manifiesta su ideología al conversar con el protagonista y expresar, a pesar del sufrimiento de las torturas y la cárcel, su opinión optimista en favor del hombre y de un destino poco menos que providencial, también "se mostraba convencido de que la muerte de la dictadura se produciría por dentro, por pura inanidad, en un largo proceso de desmoronamiento." La candidez del padre choca brutalmente con la realidad: del mismo modo que es contratado como profesor de Ciencias Naturales en una academia, al poco tiempo es despedido por  divulgar las ideas evolucionistas de Darwin.

El capítulo dedicado a Juana es similar al Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender. Juana representa el odio más exacerbado por lo sucedido con su marido. En un altercado en 1936 los fascistas habían asesinado a treinta hombres y, entre ellos, el marido de Juana había quedado malherido. Ella lo conduce a su casa y le pide ayuda al cura, pero este la traiciona y cuatro falangistas lo rematan.

La última parte de la novela se desarrolla cuando el protagonista ha conseguido llegar a la universidad. Una institución en la que todas sus actividades tienen "como guía suprema el dogma y la moral cristianos y lo establecido por los sagrados cánones respecto a la enseñanza. [...] El mundo está milimetrado por el orden y la religión." La penuria intelectual que representa la universidad de la posguerra se combate con encuentros con amigos inseparables del protagonista: Carlos, un tarambana de familia bien que reniega de su linaje por amor a Concha, una criada embarazada y muerta por un aborto clandestino, y Rafael, que vive en un suburbio donde el hambre y la muerte están presentes constantemente. Su punto de reunión es una tasca de mala muerte donde se emborrachan para olvidar el día siguiente, "Pero no será otro día. Será el mismo día siempre, de esta insoportable eternidad.

Relacionado con este tema de la novela española durante el franquismo quiero recordar el encuentro que tuvimos en las reuniones de Respublica de Pinto, que ya he mencionado en otra entrada y que organizaba Nacho Gutiérrez en la biblioteca del municipio. En junio de 2006 invitamos a Isaac Rosa, que por entonces había publicado la imprescindible novela El vano ayer, para hablarnos de la "Memoria literaria del franquismo" y del legado novelístico que dentro y fuera de nuestro país la posguerra había dejado en las librerías del momento. Se habló de muchas cosas, entre ellas de cómo el bando franquista una vez terminada la guerra no sólo quiso humillar a los vencidos, sino también exterminarlos como apunta Antonio Rodríguez Almodóvar en sus memorias "La represión franquista fue absolutamente desmedida, sanguinaria y premeditada, en una operación que se fijó como objetivo final no ya la victoria, sino el exterminio de los contrarios. Todavía hacia 1965, una señora muy de derechas de Sevilla le dijo a mi madre que el único error que había cometido Franco fue no arrancar la simiente. Se refería, claro está, a los hijos de los rojos." También se planteó la ausencia de que se esperaba una abrumadora muestra de narraciones que trataran el tema de la represión franquista escondidas en los cajones olvidados. No se mencionó entonces El exilio interior de Miguel Salabert, pero lo cierto es que esa abrumadora existencia no era tal o quizás no supimos ver la trascendencia de narrativa ligada al tema. Entonces se decía: "Quizá la asunción acrítica y generalizada del pacto de la transición y de sus complicidades, que ha dado paso a una 'democracia concebida sin pecado original', haya provocado que nos hayamos quedado sin un discurso novelizado 'de uso para los ciudadanos". La guerra civil como momento histórico sí se ha convertido en un tema literario, pero no  la duradera represión, objeto cuando menos decepcionante.

Hoy podemos encontrar en esta página una amplia nómina de novelas, pero curiosamente no aparece en ella El exilio interior. Espero que la incluyan en breve para hacer justicia a este escritor que no percibió ningún beneficio económico como derechos de autor por la publicación de la novela en tantos países distintos al español.

domingo, 21 de marzo de 2021

DE LA INFLUENCIA DE LA LECTURA...

 Desierto sonoro, de Valeria Luiselli


Creo que esta vez no me equivoco si afirmo que fue mi amigo Nacho quien me facilitó, si no la recomendación, al menos la idea de la lectura de Desierto sonoro de la autora mexicana Valeria Luiselli.

La obra se desarrolla en el recorrido por las carreteras estadounidenses desde Nueva York a Arizona que organiza la familia protagonista, una pareja y sus dos hijos Pluma perdida y Memphis. La novela recuerda, como se indica en uno de los fragmentos, En el camino, la célebre narración de Jack Kerouac junto a sus amigos de la generación Beat por la ruta 66. En el caso de la obra de Valeria la familia viaja en busca de los sonidos olvidados de los indios apaches chiricahuas y de los niños inmigrantes perdidos por el desierto. "Las historias son un modo de sustraer el futro del pasado, la única forma de encontrar la claridad en retrospectiva."

En la primera parte de la novela es la madre quien nos narra en breves secuencias el relato del viaje, pero también el hijo de diez años, más adelante, se convierte en el narrador y le especifica a su hermana el trabajo que realizan sus padres: "papá es documentólogo y mamá documentalista, y muy pocas personas conocen la diferencia. La diferencia es, sólo para que sepas, que un documentólogo es como un bibliotecólogo y un documentalista es más parecido a un alquimista. Pero en el fondo papá y mamá hacen casi lo mismo, tenían que encontrar sonidos, grabarlos, meterlos en una computadora y luego ordenarlos para que contaran una historia."

Efectivamente, el padre se dedica a grabar sonidos diversos y los ecos de las ausencias de algunas personas. Su viaje se justifica por intentar llegar al lugar de la reserva de los indios Gerónimo, Cochise y otros apaches chiricahuas para rescatar precisamente su estela perdida en la salvaje esquina de Arizona donde los vencedores de una supuesta conquista, los ojosblancos, les abandonaron sin respetar su tierra y sus tradiciones. "El sonido, el espacio y el tiempo están conectados de un modo mucho más íntimo del que solemos reconocer, aunque no entendamos del todo su relación", se nos dice en la secuencia titulada "Ondas sonoras".

La madre, por otro lado, trata de documentar la historia de los niños perdidos que abandonan su país de Centroamérica para dirigirse al norte; en especial está implicada en conocer el paradero de las dos hijas de Manuela, asentada ya en Estados Unidos y a la espera de encontrar a sus pequeñas para legalizar su estancia.

Quiero poner en valor... (Perdón, imitamos las expresiones que oímos sin darnos cuenta de que existen otras más adecuadas.) Quiero resaltar un detalle que me ha llamado la atención de la novela de Valeria Luiselli y que tiene que ver con el título "De la influencia de la lectura..." Se trata del concepto de pérdida y del sentimiento que ello produce en el lector.

En la novela se muestran, además de la pérdida de los indios apaches y de las hijas de Manuela, otras pérdidas. Una es la que se  relata entre las diversas secuencias como el título de Elegías para los niños perdidos y que se nos dice "que fue escrito en italiano por Ella Camposanto y traducido luego al español por Sergio Pitol", sin duda es un cuento ficticio y que remite probablemente a otra novela de la autora con el mismo tema, Los niños perdidos (2016).  La otra pérdida es la que se produce cuando los hijos de los protagonistas desaparecen camino del Gran Canyon por la iniciativa del niño; si bien, a esa pérdida se superpone  la de su hermana.

La percepción que he tenido como lector de esas pérdidas son el motivo principal de esta entrada: desde una aparente indiferencia cuando se narra en tercera persona el relato de los niños perdidos hasta una identificación mucho más directa cuando el niño relata en primera persona la desaparición de su hermana Memphis:

"¿En dónde estabas, Memphis? La primera vez que me di cuenta de que estábamos perdidos, pensé que si papá y mamá no nos encontraban nunca, al menos seguiríamos juntos, y eso era mejor que nunca volver a estar juntos de nuevo. Por eso, durante todo este tiempo, mientras nos íbamos perdiendo cada vez más no sentí miedo. O sólo un poco. Hasta estaba contento de perderme. Pero ahora te había perdido a ti, así que ya nada tenía sentido. Sólo quería que me encontraran. Pero primero tenía que encontrarte a ti.
¿Y en dónde estabas? ¿Tenías miedo?"

La narrativa, como el cine, el teatro y otras expresiones artísticas, tiene la facultad de implicarnos directamente en los hechos que se cuentan, sean ficticios o no, es decir, un buen relato permite que asumamos como personales tanto la desgracia como cualquier acontecimiento feliz de los personajes. Por el contrario, cabe la posibilidad de que manifestemos una verdadera apatía ante cualquier hecho, incluso ante una información que se nos presenta como veraz en algún telediario o prensa escrita. En este sentido quiero rescatar las palabras de la periodista Carmen de Burgos cuando expresaba lo siguiente durante la guerra de Marruecos cuando acudió como corresponsal: "¡Cómo nos habitúa el sufrimiento ajeno hasta la indiferencia y, sobre todo, cómo penetra el odio en los corazones!"

En definitiva, lo que deseo destacar es la necesidad que tenemos de hacernos eco de las situaciones que se nos transmiten, sean reales o no, y es imprescindible que tengamos la voluntad de ponernos en la situación del otro para valorar su circunstancia  como si fuera nuestra. Esta idea me recuerda la conversación que tuve con una amiga en torno a un tema polémico: le comentaba que un político conservador norteamericano, que era contrario al divorcio, cambió radicalmente de opinión al permitir que su hija pudiera divorciarse inmediatamente. En cuanto hizo del problema algo personal su punto de vista sobre ese tema cambió.

En la actualidad, es difícil mantener la independencia ideológica ante las presiones de la publicidad y de los diferentes grupos de presión, sean éstos partidos  políticos u otras instituciones que pretenden pervertir nuestras conciencias. Este tema siempre me ha interesado y creo que la lectura y especialmente la educación de nuestros jóvenes tiene una función primordial e imprescindible en esta faceta tan importante. 

domingo, 14 de febrero de 2021

MARGARITA JEREZ

 In memoriam de Margarita Jerez


Curso 1990-1991 IES Villa de Valdemoro

    Es difícil encontrar en una persona la sencillez y el compromiso para desarrollar correctamente cuanto uno pretende en esta vida. Con esa naturalidad y ese arrojo Margarita Jerez, nuestra amiga y compañera de tareas educativas, se caracterizó en todo momento. Lamentablemente, hace unos días supimos de su fallecimiento.

   Coincidimos con ella mi mujer Isabel y yo en el instituto público de Valdemoro hace la friolera de treinta años. Allí junto a otros compañeros (Trini, Lourdes, Ana, Paz, Rosa Esther, Pilar, Rosa, Juan...) conocimos las cualidades humanas y profesionales de Margarita: su preocupación y sus inquietudes culturales tenían como foco la búsqueda de materiales educativos, no sólo para sus alumnos, también para los compañeros que compartimos con ella el Departamento de Lengua. Conservamos algunos de esos materiales didácticos que generosamente nos ofrecía y aún hoy los sugerimos a otros compañeros como una rueda inacabable; como el célebre texto de La escuela vacía de Tahar Ben Jelloum.

   De la época en el centro recuerdo un hecho que hoy se me antoja entrañable y dice mucho de la calidad humana de Margarita. A la sazón ella era jefa de estudios y llevaba su tarea con la dedicación plena que le caracterizaba en todo aquello que emprendía. Se había comprometido con varios alumnos, probablemente de segundo o de tercero de BUP, en realizar un viaje de fin de curso. La salida estaba organizada y la persona que la acompañaría en el último momento no pudo ir al viaje dejando en la estacada a Margarita. En un claustro, donde ella confirmó que iría a la salida a pesar del abandono de esa persona, solicitaba que alguien se uniera a ella para cumplir la promesa que había hecho a los estudiantes. Al finalizar el claustro le dije que, si no había nadie que la pudiera acompañar, yo me ofrecía para hacerlo. En último término otra compañera fue con ella y el tema se resolvió favorablemente. Sin embargo, cuando llegamos en septiembre a los exámenes extraordinarios Margarita me regaló el cuaderno de trabajo teatral de las Comedias Bárbaras de Valle-Inclán que por aquel entonces se representaba en el Teatro María Guerrero de Madrid. Ella sabía de mi gusto por el teatro, pues ese curso yo había participado junto a otras compañeras en varias representaciones en el teatro municipal de Valdemoro[1], y así me agradecía con su habitual generosidad mi ofrecimiento, a pesar de que otra persona había realizado esa salida de fin de curso y no yo.  

   Recuerdo otro momento en su casa del norte de Madrid donde nos invitó un día a pasar con ella una jornada memorable, bañándonos en la piscina que compartía con otros vecinos. Entonces supimos de su nuevo destino en el IES María Guerrero de Collado Villalba, más cerca de su casa, donde también dejó la estela de su excelente personalidad.

   Tras su jubilación volvimos a vernos en varias ocasiones, en una cafetería de Argüelles donde ella participaba con otros amigos en un club de lectura, en el Salón de Libro Teatral en Lavapiés donde nos acompañó a mi mujer y a mí por la publicación de mi obra de teatro Instituto público o en la presentación de El eco de las voces en la Librería Los editores de Madrid.

   El librero de la caseta de libros de segunda mano de Alonso Martínez echará de menos sus detalles: ella le compraba algunos de los libros que le interesaban pagándolo como corresponde y luego, una vez leídos, se los devolvía para que los volviera a poner a la venta, por supuesto, sin reclamarle ningún dinero. Ella, amante de la lectura y de la cultura en general, cuando desalojó su casa de Madrid para irse a otra más pequeña y cómoda me regaló uno de sus libros más queridos, las Memorias del estanque de Antonio Colinas. Hoy lo conservo con grato recuerdo, al igual que su memoria.

 

Cortesía de Ángel Jerez



[1] Rosa lo hizo con La paz de Aristófanes, Trini con Yerma de Federico García Lorca y yo con El Horroroso crimen de Peñaranda del Campo de Pío Baroja. La labor de Rosa Esther, de Paz y de muchos alumnos en la búsqueda del atrezzo necesario y de la creación de los decorados fue extraordinaria.

viernes, 22 de enero de 2021

NAGUIB MAHFUZ

 HIJOS DE NUESTRO BARRIO

El escritor egipcio Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911-2006), el único Premio Nobel (1988) en lengua árabe, nos presenta en su novela Hijos de nuestro barrio la saga familiar en torno a su patriarca Gabalaui y su casi infranqueable y paradisíaca Casa Grande.

El personaje de Gabalaui es misterioso, enérgico con su familia y aparentemente insensible. Se manifiesta sólo cuando hay necesidad de remediar los conflictos que surgen entre la ciudadanía del barrio y lo hace a través de un criado o presentándose disimuladamente pidiendo a uno de sus descendientes que sea fuerte ante la presión de los jefes del barrio que viven enriqueciéndose, protegiendo al administrador del patrimonio del habiz (donación de bienes en el Islam) y sometiendo por la fuerza a todos los demás, hasta el punto de torturarlos o hacerlos desaparecer si es necesario.

Gabalaui es similar al Dios del Antiguo Testamento, que castiga con vehemencia cualquier indisciplina. Lejos de ser compasivo con sus hijos, la novela comienza con el patriarca alejando a sus dos hijos Adham e Idrís de la Casa Grande por su ambición o por su maldad. La similitud con los personajes bíblicos es obvia en todo momento y de ello la profesora Encarnación Ruiz Callejón ha dado muestra en el artículo Hijos de nuestro barrio: la “tierra prometida” y el “pueblo elegido” vistos desde la diferencia: La pelea de Adham e Idrís es similar a la de Caín y Abel, la expulsión de Adham y Omayma de la Casa Grande a la de Adán y Eva, y la relación de los protagonistas Gábal, Rifaa, Quásem son equivalentes a Moisés, Jesucristo y Mahoma respectivamente. Estas referencias a los grandes personajes de las tres grandes religiones monoteístas y los detalles temáticos de la novela es lo que provocó que fuera prohibida en Egipto y en casi todos los países del mundo islámico, aunque se publicó inicialmente por entregas en el diario egipcio Al-Ahram. A pesar de la censura Naguib Mahfuz siguió escribiendo en libertad, aunque el fanatismo islamista atentó contra él en 1994 por considerar que su obra era una blasfemia contra la religión musulmana.

Cada capítulo de la novela tiene como título el nombre de descendientes de Gabalaui a quienes se les pide que apliquen justicia porque los jefes de cada distrito actúan salvajemente adueñándose de todos los bienes posibles, mientras los demás viven en la pobreza.

Cada uno de esos descendientes alejados de la Casa Grande representan a un distrito diferente del barrio y tienen un símbolo particular que merece la pena destacar:

Adham representa la bondad: “Eres un buen hijo y la gente buena siempre triunfa”, le dice su madre. No obstante, acepta la idea de su mujer de conseguir el libro de los diez consejos que guarda el secreto de Gabalaui. No lo consigue, pero eso le conduce a la expulsión de la Casa Grande y a la pobreza.

Gábal personifica la fuerza para afrontar cualquier circunstancia hasta el punto de conseguir vencer a los jefes sanguinarios y repartir la riqueza del barrio con equidad. “Algunos criticaban su fuerza y su rigor, pero siempre encontraban a alguno que les contradecía, recordando el otro aspecto de su carácter, es decir, su piedad para con los oprimidos y su sincero deseo de establecer un orden que garantizase la justicia y la igualdad entre la gente. 

Rifaa tiene el poder de liberar de espíritus malignos a quienes así lo deseen y ello le permite tener una serie de adeptos entre la población lo que lleva, a pesar de la traición de su mujer y su muerte, a conseguir privilegios para sus partidarios. “La gente disfrutaba de la vida y la alegría se reflejaba en los rostros. Todos afirmaban convencidos y con fe que el presente era mejor que el pasado…

Quásem encarna la justicia y la igualdad independientemente del sexo: «Si el Señor me hiciera triunfar no privaría a las mujeres de disfrutar de los beneficios que se nos han legado.» Quamar comentó sorprendida: «Pero los bienes habices son para los hombres, no para las mujeres.» Miró [Quásem] con ternura los negros ojos de la chiquilla y prosiguió: «Por boca del criado, mi antepasado dejó dicho que la herencia común es de todos, y las mujeres son la mitad de los habitantes del barrio. Resulta asombroso que nuestro barrio no respete a las mujeres; sin embargo, lo hará el día en que aprenda a respetar el significado de la justicia o de la compasión.»

Arafa, por fin, interpreta al sabio que utiliza el conocimiento para conseguir la distribución equitativa de la riqueza y para ello recurre a la magia.

Curiosamente, todos esos descendientes abordan con energía ese reparto de los bienes del barrio de manera justa y a veces lo logran; sin embargo, al cabo de la desaparición de cada uno de ellos todo regresa al punto de partida de abuso de poder y pobreza. El olvido se apodera de ellos y la división social entre los ricos que poseen la fuerza de las armas y de la riqueza, y los pobres, que malviven con escaso trabajo, es la circunstancia que domina constantemente en el barrio.

Mahfuz acomete en Hijos de nuestro barrio el deseo humano de distribución justa de la riqueza, de manera que todas las personas, independientemente de su etnia, sexo, origen y condición social dispongan de los bienes fundamentales para desarrollar su vida con absoluta libertad y plenitud; pero, cuando parece que todo eso es factible, se produce el olvido y la regresión a las diferencias sociales y económicas. No deja de ser semejante a la historia de la humanidad: el eterno contraste entre ricos y pobres y el deseo de algunos por conseguir un mundo más justo sin alcanzarlo, a veces con el peligro de perder la propia vida. Esta disparidad me recuerda unas palabras de José Martí en un breve ensayo dedicado a Emerson y publicado en La Opinión Nacional de Caracas en 1882: “El hombre pasará eternamente la vida tocando con sus manos, sin llegar a palparlos jamás, los bordes de las alas del águila de oro.

jueves, 7 de enero de 2021

CHINUA ACHEBE

 TODO SE DERRUMBA

Observo que la información actual de los medios de comunicación habla reiteradamente de la pandemia, del enfrentamiento político en España y de fútbol, especialmente de los equipos económicamente fuertes. Se desprecian otras noticias, salvo que la emergencia o el deseo de crear sensacionalismo provoquen la curiosidad de la mayoría de los periodistas y sus empresas. África es un continente que queda en esta segunda línea de atención.

En este sentido, tenía muchas ganas de leer la novela de Chinua Achebe Todo se derrumba hace ya mucho tiempo. Desconocía a qué se refería un título tan adecuado a esta terrible actualidad. Con la lectura comprobé que el argumento de la novela tenía que ver con las asechanzas coloniales de los países europeos en el continente africano y en especial en Nigeria, de donde procede el autor y la tribu del protagonista.

La novela de Chinua Achebe se publicó en 1958 en Londres por la editorial Heinemann. Yo he manejado la edición española de Alfaguara traducida por Fernando Santos. También ha sido traducida como Todo se desmorona, y el título procede de unos versos del poeta irlandés William Butler Yeats (Girando y girando en órbita creciente / El halcón ya no oye al halconero / Todo se derrumba, el centro ya no aguanta; / El mundo se sume en mera anarquía).

Todo se derrumba nos sitúa en el momento en que la colonización europea se va adueñando poco a poco de la tierra, las costumbres y las personas de las tribus nigerianas. El protagonista Okonkwo desde niño se diferenció de su padre, el pusilánime Unoka. Por eso quiso ser altivo y defensor de las costumbres que caracterizaban a su clan. A los dieciocho años logró batir al gran luchador Amalinze El Gato y conseguir un puesto de relevancia en su tribu de Umuofia. 

Sin embargo, la desgracia lo persiguió durante toda su vida: Una de sus mujeres, Ekwefi, había parido diez hijos y sólo le sobrevivió la niña enfermiza Ezinma, aunque por su tesón pudo subsistir y ganarse el cariño de su padre. 

Un ridículo accidente en las exequias del gran patriarca Ezeudu provocó que fuera exiliado durante siete años a la tierra de su madre Mbanta, donde acudió con su familia abandonando su cosecha de ñames, el producto fundamental de su alimentación.

La llegada  del hombre blanco a las tierras de Okonkwo produjo su derrumbe definitivo. Traía su religión de un único dios y rechazaba las raíces espirituales de la tradición africana. Ese hombre blanco fue atrayendo a muchos jóvenes, incluso al hijo del protagonista, Nwoye.

En Umuofia había hombres y mujeres que no estaban tan decididamente en contra de la nueva situación como Okonkwo. Era verdad que el hombre blanco había traído una religión para lunáticos, pero también había construido un centro comercial y por primera vez el aceite de palma y los frutos secos obtenían muy buenos precios, y a Umuofia llegaba mucho dinero.
E incluso en la cuestión de la religión, había una sensación cada vez mayor de que quizá tuviera sus méritos después de todo, de que quizá hubiera algo vagamente con sentido en medio de aquella locura.

Tal es la influencia del hombre blanco, especialmente en materia religiosa que es capaz de hacer valer sus derechos e imponer los castigos de quien infrinja la ley escrita por él.

La novela es un ejemplo de cómo la colonización europea fue destuyendo costumbres y rituales acendrados desde tiempos inmemoriales en tribus africanas. Tribus que han vivido con ellas respetando el medio ambiente y asegurando su subsistencia con los productos agrícolas adaptados a ese medio natural.

En uno de los capítulos Ekwefi relata unos cuentos tradicionales y su hija Ezinma continúa con una fábula, pero en analogía con otras costumbres también "se interrumpieron los cuentos populares", como si se augurara el fin de esa tradición oral tan rica en toda África.

Érase una vez que la Tortuga y el Gato se pusieron a pelear con los Ñames... No, no empieza así. Érase una vez que había una gran hambre en el reino de los animales. todo el mundo estaba muy flaco, menos el Gato, que estaba muy gordo y tenía el cuerpo lustroso como si se lo hubiera frotado con aceite de palma...
Se interrumpió porque en aquel mismo momento una voz alta y aguda rompió el silencio exterior de la noche. Era Chielo, la sacerdotisa de Agbala, que hacía una profecía. Aquello no era nada nuevo. De vez en cuando, Chielo quedaba poseída por el espíritu de su dios y empezaba a profetizar. Pero aquella noche dirigía su profecía y sus saludos a Okonkwo, de modo que todos los de su familia escucharon atentos. Se interrumpieron los cuentos populares.

Todo se derrumba espero que no se convierta en un vaticinio de ruptura de los modos de vida, en especial, los altruistas con otros países y los saludables con el medio ambiente; y que la situación tan terrible que vivimos actualmente nos haga reflexionar para valorar con la atención que merecen todas las personas y países sin las implicaciones devoradoras de los poderosos contra los débiles. Europa recoge ahora en forma de inmigración la cosecha que sembró en África de siglos anteriores. Tendremos que ser capaces de ofrecer con generosidad todo lo arrasado y despreciado. 

Ojalá que sean proféticos los versos de Hölderlin de su "Himno a la Libertad". Completo aquí toda la estrofa que aparece en la cabecera del blog: Todo cuanto fue presa del tiempo / florecerá de nuevo mañana, más hermoso; / la primavera nacerá de la destrucción / tal Uranio naciendo entre las olas. / Cuando las pálidas estrellas inclinan su cabeza, / Hyperión resplandece en su trayecto heroico. / Continuad pudriéndoos, esclavos; días de libertad / se alzarán sonrientes sobre vuestras tumbas.


viernes, 25 de diciembre de 2020

 FRANCISCO BRINES

En los años ochenta conseguí varios libros de la colección Ocnos de poesía dirigida por Joaquín Marco y con ilustres poetas en su consejo de redacción: Pedro Gimferrer, José Agustín Goytisolo, Luis Izquierdo y Manuel Vázquez Montalbán. Los editaba Llibres de Sinera de Barcelona y con tan extraordinario plantel de escritores los libros eran una delicia para el lector de poesía. Allí se encontraban obras de Miguel Labordeta, Alejandra Pizarnik, Juan Gil-Albert, Guillermo Carnero, José Ángel Valente, John Donne..., además de los mencionados. Una de esas obras era Aún no de Francisco Brines, el actual Premio Cervantes de 2020. El libro estaba mutilado porque algunas de sus páginas carecían del texto necesario para poder completar su lectura; sí disponían, sin embargo, de la tenue impresión de las letras, pero carecían de la tinta; así que, como práctico calígrafo, me dispuse a completar el texto como aparece en la imagen inferior. 

Francisco Brines ya era reconocido en aquella época como un gran poeta. Su trayectoria comenzó en 1959 en que consiguió el Premio Adonais por Las brasas, que se abría con un poema en consonancia con la poética social de los años cincuenta: "Habrá que cerrar la boca / y el corazón olvidarlo. / Dejarlo sin luz, sin aire, / como un hombre encarcelado, / y habrá que callarlo todo / lo que nos pueda hacer daño." Sin embargo, el resto de los poemas difiere de esa concepción y ya aparecen en él los temas constantes de su poesía: "el dulce nacimiento del amor", el tono elegíaco de muchos de sus poemas, con dedicatorias a sus amigos (Vicente Andrés Estellés, Gastón Baquero, Ricardo Defarges,...), y la naturaleza de su Oliva natal con el tono nostálgico de quien pretende atesorar con palabras el inevitable paso del tiempo: ("Se ensombrece el naranjo, y los azahares / huelen por el desván, pesan los muros / y el hombre que la habita se detiene / para pensar vanos recuerdos. Oye / cómo riegan los nardos, su jardín / ve que se vuelca por las tapias bajas, / limoneros doblando los caminos.". 

En 1966 obtuvo el Premio de la Crítica por Palabras a la oscuridad. La obra está dedicada a Vicente Aleixandre y aparece con una referencia al comienzo que aúna esos conceptos de amor, naturaleza y nostalgia: "En aquel lugar miraron sus ojos, por vez primera, la hermosura del mundo, y sintió amor. No habrá olvido nunca para ese recuerdo." Efectivamente, en algunos de sus poemas aparecen concentrados esos tres conceptos con verdadera profusión: "Y fui creciendo en el amor dichoso / del hombre y de la tierra. / El mundo estaba allí, / en el aliento de la suave noche, / descansando en mis ojos / hasta que nos durmiéramos." Coincide la escritura de este libro con su visita como profesor a Oxford y a Cambridge. En el poema "Oscureciendo el bosque" se manifiesta su pesadumbre y su deseo de vivir a pesar de lo inevitable del transcurso del tiempo: 

Toda esta hermosa tarde
de poca luz, 
caída sobre los grises bosques de Inglaterra, 
es tiempo. 
                 Tiempo que está muriendo 
dentro de mis tranquilos ojos
mezclándose en el tiempo que se extingue.
Es en la vida todo
transcurrir natural hacia la muerte,
y el gratuito don que es ser, y respirar,
respira y es hacia la nada angosta.

Con sosegados ojos miro el bosque,
con tal gracia latiendo
que me parece un soplo de su espíritu
esa dicha invisible que a mi pecho ha venido.
Cual se cumple en el hombre
también se ha de cumplir la vida de la tierra;
la débil vecindad que es realidad ahora,
distancia tenebrosa será luego,
toda será negrura.

Miro, con estos ojos vivos, la oscuridad del bosque.
Y una dicha más honda llega al pecho
cuando, a la soledad que me enfriaba,
vienen borrados rostros, vacilantes
contornos de unos seres
que con amor me miran, compañía demandan,
me ofrecen, calurosos, su ceniza.
Cercado de tinieblas, yo he tocado mi cuerpo
y era apenas rescoldo de calor,
también casi ceniza.
Y he sentido después que mi figura se borraba.

Mirad con cuanto gozo os digo
que es hermoso vivir.

Aún no se publica en 1971. El poemario se abre con una cita personal donde Brines augura ese deseo vital: "Con un punzón de sombra y nada / grabaron en mi corazón / la palabra de fuego: vida." Y se confirma con algunos de sus poemas, como el titulado "La ronda del aire" dedicado a Jenaro Taléns: "Envuelto en lo invisible soy el rey / de la vida." Si bien, la acuciante realidad de un posible final se muestra persistente como se manifiesta en su célebre poema "Ensayo de una despedida", dedicado al poeta alicantino Juan Gil-Albert y titulado posteriormente en su obra completa "Palabras para una despedida."

Esta luz despierta,
y se adentra en los ojos el contorno del monte,
y el grito de los pájaros desvanece el oído
al venir de los húmedos huertos.
Los blancos pueblos de la costa,
felices de lujuria y juventud,
alientan junto al mar, lejanos.
No estoy allí, mas lo que fui deseo:
la dicha viva, los sentidos borrados,
ahora que en el jardín el tiempo se arrincona en las sombras,
y el olor de las rosas sube al aire.
Hay humos blancos, y calladas palomas 
en la altura, y voces que se alejan,
hay demasiada vida para una despedida.

Y un día habrá de ser,
sin que la grata luz, las voces de la casa,
los cultivos del huerto, los días recordados
de la remota y breve juventud,
ni tampoco el amor que me tenéis,
retrasen la obligada despedida.

Tendré que aposentarme en la aridez,
y perdida la imagen de este mundo
y perdido yo mismo,
siento que reposo será estéril,
que la vida no fue, que el fervor
de cualquier despedida es un engaño.


Francisco Brines continuó con varias obras posteriores, en especial El otoño de las rosas, Premio Nacional de Poesía en 1986 (obra que precisa por sí sola una entrada exclusiva) y ahora culmina con la concesión del Premio Cervantes en este fatídico año de 2020.

El poeta Francisco Brines crea con sus palabras imágenes con las que intenta apresar los sentimientos casi borrados de la memoria, intensos por la evocación poética. La poesía ofrece esa posibilidad de liberar con las palabras los márgenes de la pasión que condicionan nuestros actos. Algo similar se produce en la película de Naomi Kawase Una pastelería en Tokio: las imágenes que nos ofrece la directora y la sensibilidad de la anciana Tokue transmiten no sólo la belleza de los cerezos o el amor en la elaboración de la pasta de azukis con que se rellenan los dulces dorayakis; imágenes y palabras se convierten así en el catalizador de los sentimientos universales. Brines y Una pastelería en Tokio nos alertan de que pasamos por las cosas sin darnos cuenta de su belleza. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

DE LA SERVIDUMBRE EN LA RUSIA ZARISTA

 Memorias de un cazador, Iván Turguénev

Memorias de un cazador es el título de una serie de cuentos escritos por Iván Turguénev (1818-1883) publicados en diferentes periodos de su vida, desde 1840 a 1874. Para el escritor ruso la caza obliga a recorrer lugares “sumamente agradables” a una persona ociosa como él. Sin embargo, para Natalia Ujánova, editora de la obra en ediciones Cátedra, es el pretexto del autor para ofrecernos información de la situación de los mujiks o campesinos en la época de la Rusia zarista, lo que a la sazón le provocó no pocas críticas de terratenientes y aristócratas por la evidencia de explotación a la que sometían a los campesinos, porque ellos eran mera posesión del potentado de turno.

No tengo ninguna experiencia con la caza y tampoco con la pesca. Recuerdo que de adolescente acompañaba a mi tío y a mi primo, ellos enamorados de conseguir carpas, lucios y truchas americanas por ríos y pantanos de Guadalajara, pero yo me dedicaba a explorar la naturaleza y los pueblos cercanos. Algunos familiares de Tomellosa, en Guadalajara, sí se dedicaban a la caza, y aún hoy uno de mis primos continúa con esa tradición; pero yo no los acompañaba nunca. Recuerdo que un conocido de un pueblo de Málaga me enseñó sus trofeos disecados conseguidos en los Cárpatos de Polonia y la impresión que me produjo no fue muy agradable. Por eso la idea de Miguel Delibes sobre la caza –el enfrentamiento del cazador con la pieza frente a frente forzando sus reflejos, músculos y nervios hasta liquidar al conejo o a la perdiz– tampoco me parece muy atractiva. Aunque como dice Juan José Millás en El País (6 de noviembre de 2020) “La cuestión es si podemos prescindir de la caza” y si se pudiera recurrir a “balas inmateriales”.

Aunque rechace la caza he de reconocer el valor literario de los relatos de Turguénev y, por supuesto, de Miguel Delibes.

Los campesinos que visitó Turguénev vivían en un sistema feudal: eran obligados a permanecer sometidos a su amo y debían ofrecerle lo pactado: ya fueran especies o el dinero convenido, podían ser vendidos a otro terrateniente y estaban forzados a obedecer sus mandatos. Este sistema de semiesclavitud y servidumbre en la época zarista pervivió hasta febrero de 1861.

En el relato titulado “Lgov” Iván Turguénev nos cuenta que Suchok, cuyo verdadero nombre es Kuzmá, ha pasado por varios amos y, según el deseo de ellos, ha sido cocinero, mozo de bar, actor, paje, postillón, jardinero, perrero y en su último trabajo pescador en el río pantanoso Rosota, porque su última ama Aliena Timofievna le hizo la siguiente proposición:

“Llegó aquí de su heredad, Tambov, nos mandó venir a todos los siervos y salió a vernos. Fuimos primero a besarle la mano y ella, como si tal cosa, no se enfadó… Luego nos fue preguntando a todos, por orden, qué hacíamos, cuál era nuestro empleo. Cuando me tocó a mí, me dice: «Tú, ¿qué eres?» «Cochero», le respondo. «¿Cochero? Pero ¡qué cochero puedes ser tú! Mírate: ¿tienes aspecto de cochero? En adelante serás pescador, y aféitate la barba. Con motivo de mi llegada suministrarás mi mesa de pescado, ¿me oyes?»”

La dueña anterior no le permitió casarse y ahora, a la vejez, no cobra ningún jornal. “¡Me dan de comer, y gracias!” Curiosamente, lejos de sentirse humillado por su situación, agradece a su ama: “¡Qué Dios conceda larga vida a nuestra señora!” No hay remordimiento ni reivindicación.

En el cuento “El intendente” la dominación sobre los campesinos es todavía más deprimente e intolerable: el viejo campesino Antip acude con su hijo para pedir clemencia a su amo Arkadi Pávlych por la actitud del intendente o encargado Sofrón Yákolich.

−¿Qué pasa? ¿De quién te quejas?

−¡Ten piedad de nosotros, señor! Déjanos respirar… Nuestra vida es un verdadero tormento. (El viejo hablaba con dificultad.)

−¿Quién te atormenta?

−Sofrón Yákolich, señor.

Arkadi llama a Sofrón y éste acude. “Al parecer, el intendente había estado de jarana en Perovo: tenía la cara abotargada y olía a vino.”

Antip comenta lo que el intendente les ha hecho: “Señor, nos ha arruinado. Dos hijos, buen amo, los ha enviado como reclutas cuando no les correspondía, y ahora se lleva al tercero… Ayer, buen amo, se llevó la última vaca de mi parcela y golpeó a mi esposa.”

Sofrón, lejos de asustarse, tacha al viejo de borracho y de atrasarse en los pagos y el amo se aleja con el supuesto deseo de dar cierta orden: “Daré una orden… Muy bien, largaos. Los campesinos no se levantaron. No os he dicho que… Muy bien. Largaos. Daré la orden, os lo estoy diciendo.”

Los ejemplos de la explotación de la mujer son todavía más denigrantes. En “Jor y Kalínich” se dice: “la mujer es la sirvienta del marido”, por eso se entiende la actitud de Yermolái con su mujer en “Yermolái y la molinera”, la trataba “cruel y groseramente, adoptaba en casa una actitud amenazadora y dura, y, a pesar de eso, la pobre mujer se desvivía por darle gusto, temblaba ante una mirada suya, no escatimaba el último kópek para comprarle y le cubría servil con su tulup (zamarra), cuando tumbado majestuosamente en la chimenea se dormía con sueño de bogatyr (héroe legendario ruso).” En este mismo cuento Zvierkov relata al escritor que su mujer tuvo que rechazar a su doncella porque le pedía poder casarse. La segunda vez que lo hizo se encontraba en cinta. “Ordené inmediatamente que la raparan, le diesen un zapatriez, una ropa burda, y fuera enviada a la aldea. Mi mujer se quedó sin una excelente doncella, pero no había nada que hacer. No se puede, sin embargo, admitir semejante desorden en una casa. El miembro enfermo vale más extirparlo de raíz…

En el cuento titulado “La cita”, Víctor Alexándrych le indica a Akulina “careces de instrucción, por eso, has de escuchar lo que se te dice.” Entendemos que ese “escuchar” implica necesariamente un significado diferente al literal de atender a lo que se dice, se intuye el de obedecer a las peticiones de su amante

No obstante, hay mujeres rebeldes que se alejan de este estereotipo de mujer obediente: en el relato “Piotr Petróvich Karatáev”, Matriona huye con su amado Karatáev a pesar de que su ama María Ilínichna le prohibe casarse con él. También en “El final de Chertopjánov”, la gitana Masha decidió liberarse de su amante: “una magnífica tarde de verano Masha hizo un hatillo con algunos de sus trapos y abandonó la casa de Cherpjánov.”

Por último, añado el texto relativo a la descripción del bosque de Ardalión Mijáilych del cuento “La muerte”. Merece la pena detenerse en él por la belleza que transmite y por la idea de cómo la naturaleza cambia el paisaje y se nutre de sí misma: Turguénev nos describe el bosque que conoció en la infancia ya que los rigores del invierno de 1840 provocaron la desaparición de sus robledales.

“Este bosque constaba de doscientos o trescientos enormes robles y gigantescos fresnos. Sus cimbreantes y vigorosos troncos negreaban majestuosamente en el verdor dorado y transparente de los avellanos y serbales; elevándose más sobre el brillante azul del cielo, desplegando en forma de cubierta sus anchas y nudosas ramas; azores, esmerejones, cernícalos volaban silbando bajo las inmóviles cimas de los árboles, abigarrados picapuercos golpeaban con fuerza las rugosas cortezas; tras el trino de la oropéndola, el sonoro canto del mirlo resonaba de pronto en el espeso follaje; abajo, entre los matorrales gorjeaban los petirrojos, los pardillos, las currucas; los pinzones correteaban raudos por los senderos; la liebre blanca se desplazaba rápida por las veredas, zigzagueando cautelosamente; la ágil ardilla saltaba de árbol en árbol, para de pronto sentarse elevando la cola por encima de la cabeza. En la hierba, junto a enormes hormigueros, a la sombra de las recortadas hojas de los helechos, florecían violetas y muguetes, crecía toda clase de hongos, russulas, amanitas, agáricos, setas de roble, oronjas falsas; en los claros, entre amplias matas rojeaban las fresas… ¡Y qué sombra había en el bosque! Cuando mayor era el bochorno, en pleno mediodía, parecía ser de noche: qué silencio, qué perfume, qué frescor.”

En una nota a pie de página el propio autor indica que “en lugar de los esplendorosos árboles extinguidos, crecen por sí mismos abedules y álamos, entre nosotros no se conoce otra forma de repoblación forestal.” Ojalá que la tala indiscriminada de la región amazónica y de otras zonas pudiera regenerarse igualmente ¡Es imprescindible revertir estas acciones, conseguir la reforestación del planeta y lograr un ecosistema realmente sostenible!

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