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jueves, 27 de enero de 2022

Anónimos

 Anónimos


Tras la publicación de El disfraz de los paisajes (Amargord, 2012) gracias a mi amigo Jesús Urceloy, mi ilusión de ver publicada mi poesía me llevó a continuar en esa faceta de ver mis textos al alcance de quien quisiera disponer de ellos. Mi amiga Esther Moliné, la autora de la magnífica fotografía de la cubierta, me puso en contacto con Alicia Arés y su editorial Cuadernos del Laberinto. Le mandé a Alicia mis poemas y al cabo de poco tiempo llegamos a un acuerdo para la publicación de Anónimos (2016).

El título Anónimos y el comentario de la contracubierta ya anunciaba el sentido que quería dar al poemario: "Homenajear a aquellas personas que humildemente ofrecieron -y ofrecen, diría hoy- todo su conocimiento y quehacer de forma generosa sin pedir nada a cambio." También, como sucede en la novela de Isaac Rosa La mano invisible, me dirigía a aquellas personas que, a diferencia de los ilustres que aparecen en los medios, carecen del premio necesario por su esfuerzo; además, también quería atizar las conciencias de aquellos que son incapaces de salir del marasmo de la inercia de los días y la rutina y hacerles ver la posibilidad de no sucumbir a todo ello y explorar un cambio necesario en sus vidas. Uno de los poemas ejemplifica este sentido:

Anónimos,
sin nombres, sin premios,
sutiles trabajadores del silencio,
cómodos en su rutina,
sin reproches, asienten
resignadamente su condición
de eternos pasajeros de la nada.

En abril de 2016 apareció la primera edición de Anónimos con un  prólogo de mi amigo Nacho Gutiérrez "A un anónimo le llamaban Carlos", donde jugaba con el poema de Dámaso Alonso "A un río le llaman Carlos" e incluía referencias a Bertold Brecht y a Albert Camus por su defensa de esclavos, súbditos y pobres envueltos en su anonimato, frente a los supuestos protagonistas recogidos en las enciclopedias de la Historia. La acogida de amigos en diferentes presentaciones en la librería Los editores y la Librería francesa de Madrid y en la Casa de la Cadena de Pinto motivó que en octubre apareciese una segunda edición, donde añadí un nuevo prólogo y tres poemas más relacionados con el mismo tema genérico del libro.   

Hay un tema que siempre me ha gustado reflejar en mis poemas y es el diferente comportamiento humano y del resto de animales. El siguiente poema de Anónimos refleja cómo los animales envuelven en su rutina actos continuos sin menoscabo de cambio de actitud, mientras el hombre tiene la posibilidad de reflexionar y aceptar de grado su domesticación o su rebeldía.  

Las palomas picotean las migajas y revolotean alrededor de la anciana que las mira con delectación. Uno y otro día regresan por su alimento, incapaces de alterar el orden de los hechos. 
También el abnegado mulo recibe su ración, agua y heno para continuar arrastrando el arado. Cuando se tuerce de la recta, el gañán restalla con vehemencia su lomo; sin embargo, la bestia tampoco alterará la costumbre: torna a tirar de la reja y a sacudirse las moscas.
Todo sigue un ritmo lento, vieja y gañán adormecen su rutina con pasos seguros.
El hombre, como animal domesticado, a veces lame su mano dolorida y crea en torno suyo vergel o delirio, paraíso o cárcel, solo ensoñación en continuos vástagos.
La noche sin venda cubre sus ojos y tierra y agua se alejan de su frente.

Añado aquí una fotografía de mi amigo Manuel J. Fernández de la presentación de Pinto en la que mis colegas y amigos María Jesús Sánchez y Óscar Vicent  me acompañaron con su música. A continuación incluyo un audio que publicó la editorial en Youtube de uno de los actos con la inestimable presencia del perrito de Jesús Urceloy, el homenaje a mi amigo poeta Eduardo García y un final con mi querido poema de Antonio Muñoz Frías. 



martes, 28 de diciembre de 2021

 GEORGE ELIOT


La escritora británica George Eliot (1819-1880), como tantas otras mujeres en épocas pasadas, tuvo que cambiar su verdadero nombre, Mary Ann Evans, por el de un hombre. En su momento no se comprendía que una mujer fuera culta y escribiera novelas magníficas. Como señala Pilar Hidalgo en el prólogo de la edición de Middlemarch de la editorial Cátedra, así pensaban los críticos de la producción literaria de las mujeres en la época en que se publicó esta novela (1872): "La novela de un hombre es por lo general un producto más acabado que la de una mujer, su educación y su experiencia le dan un campo más amplio de pensamiento y una mayor variedad de personajes, suele presentar a personajes e incidentes de forma más artística y escribe mejor que sus rivales." La novela de Mary Ann Evans contradice en todo los argumentos simplistas de quien fuera el autor de esta cita. La recomendación de leer Middlemarch me llegó gracias a lectura de la columna de los sábados en El País de Antonio Muñoz Molina y, al igual que a él, su lectura no me ha decepcionado, bien al contrario.

La novela lleva el subtítulo de Un estudio de la vida de provincias y encierra un cúmulo de relaciones personales entre distintas familias: elogios y vituperios, admiración y calumnias, deseos de que el poder de uno sea asumido sin condiciones por otros... Sin embargo, no quiero desentrañar el argumento de la novela, que se puede leer en la página web de Wikipedia, sino resaltar unos pocos fragmentos de la novela que me parecen extraordinarios y que confirman la maestría de la autora, como la cita que aparece en la cabecera de este blog. 

Hay hombres a los que nos les importa que les pongan verdes con tal de que se hable de ellos. (pág. 238) Esta afirmación tiene completa actualidad. La autora, antes de que existieran las redes sociales, ya apuntaba la perfecta idiotez de algunas personas a quienes no les importa estar en candelero aunque sea por su condición de incoherentes, malvados o, incluso, criminales con tal de tener su espacio de celebridad. A estas personas habría que añadir otras que son capaces de aceptar sin ninguna crítica absoluta y a veces con devoción cualquier argumento por descabellado que sea.

Fracasar tras una larga perseverancia es mucho más grandioso que el no haber hecho nunca un esfuerzo lo bastante sostenido como para merecer el calificativo de fracaso. (309) Toda una lección para pusilánimes que se echan atrás ante cualquier iniciativa. Es preciso abordar cualquier decisión con el ánimo de llevarlo a cabo con firmeza y continuidad.

El hecho es que si uno quiere entrar en la vida pública debe estar preparado para las consecuencias. Debe estar a prueba de toda calumnia. (476) ¿Qué me dicen de esta afirmación? Parece extraída de un texto de hoy mismo, pues hemos visto cómo algunas personas han tenido que dejar la vida pública por algunos comentarios denigrantes o incriminatorios de personas o medios de comunicación que pregonan el odio y la difamación sin importarles las consecuencias. En este sentido sugiero que se vea la película Caballero sin espada (1939) de Frank Capra. Toda una ilustración de cómo interviene el mal para conseguir sus intereses.

En este estúpido mundo la mayoría de la gente jamás piensa que merece la pena hacer algo si no lo hace su grupito. (533) ¡Qué magnífica idea para desentrañar no solo la anuencia de partidarios políticos, sino la sumisión de particulares a argumentos sin valorar otros puntos de vista! La independencia personal es cada vez más necesaria en este mundo de escasez de alternativas. 

Apoyo a quien apoye los derechos de los perjudicados y no al virtuoso mantenedor del perjuicio. (563) Aviso a caminantes que anuncian el bien común y solo amparan a los ya beneficiados.

Podríamos añadir estas otras citas que hablan por sí solas: 
Es una mente muy estrecha la que no alcanza a ver un tema desde diversos puntos de vista. (139)

El tiempo, al igual que el dinero, se mide por nuestras necesidades. (221)

Cuando el alma de un hombre se pudre […] depara toda clase de hongos y nadie puede saber de dónde procedió la semilla. (503)

¿Qué soledad hay mayor que la de la desconfianza? (535)

El cielo se ha encargado de que no todo el mundo sea creador. (536)

Dejo para el final este fragmento: Ser poeta significa tener un alma tan ágil para discernir que no se escape ningún matiz de cualidad, y tan ágil para sentir que el discernimiento se convierta meramente en una mano que toca las fibras de la sensibilidad con una variación muy finamente ajustada; un alma en la que el conocimiento se convierte instantáneamente en sentimiento y el sentimiento rebrota como un nuevo origen del conocimiento. (310)

¡Qué mujer tan maravillosa, supo ver cómo el alma del poeta dispone con su creación de un valor imprescindible para ofrecer una visión de la realidad más allá de las apariencias!

lunes, 15 de noviembre de 2021

Wisława Szymborska

Me gusta abrir los libros de poesía al azar y leer cualquier poema independientemente del orden que ha propuesto el autor o el editor. Igualmente me sucede con otros libros, como creo que ya he dicho en algún momento en otra entrada; mi intuición o el consejo de mis amigos lectores son determinantes a la hora de elegir un libro de lectura. A veces me llevo gratas sorpresas. Me ha sucedido con el libro de Wisława Szymborska Poesía no completa (Fondo de Cultura Económica, 2014, 4ª reimpr.) y que tenía olvidado en mi biblioteca y al que le había dedicado poco tiempo. Al volver sobre él el poema titulado "Clásico" me ha impactado notablemente. He aquí el texto:

Unos terrores de tierra y será olvidada la vida.
La música se liberará de las circunstancias.
Cesará la tos del maestro por encima de los minués.
Y serán levantadas las cataplasmas.
El fuego devorará la peluca llena de polvo y de piojos.
Desaparecerán las manchas de tinta de los puños de encaje
Los botines, incómodos testigos, irán a la basura.
Se llevará el violín el menos dotado de todos los alumnos.
De entre las partituras sacarán las cuentas del carnicero,
Las cartas de la pobre madre acabarán en los estómagos de los ratones.
Aniquilado, se acabará el desventurado amor.
Los ojos dejarán de llorar.
La cinta rosada le servirá a la hija de los vecinos.
Los tiempos, alabado sea Dios, no son todavía románticos.
Todo lo que no es cuarteto
será, como quinto, rechazado.
Todo lo que no es quinteto
será arrastrado, como sexto, por el viento.
Todo lo que no es un coro de cuarenta ángeles
se callará como el aullido de un perro y el hipo de un gendarme.
Se llevarán de la ventana el jarrón del aloe,
el plato de veneno contra las moscas y el tarro de pomada,
y se descubrirá la vista −¡cómo no!− del jardín,
un jardín que nunca ha estado aquí.
Y ahora, escuchad, escuchad, mortales,
asombrados prestad diligentemente oído,
oh ávidos, oh, asombrados, oh concentrados mortales,
escuchad −oyentes− todo oídos.

El poema me conduce al extraordinario poeta peruano César Vallejo, el autor que desgraciadamente supo anticipar su triste final, y al verso donde expone sin tapujos la verdadera condición del ser humano: ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.” También el poema "El viaje definitivo" de nuestro Nobel Juan Ramón Jiménez abordó el mismo tema que la autora polaca, si bien con una perspectiva diferente: en el caso del poema de Wisława Szymborska la vida desaparece y con ello la destrucción es definitiva; sin embargo para el poeta onubense el enfoque es otro, pues él siente su muerte pero le sobrevivirá todo lo que le rodea. He aquí el poema de Juan Ramón:  

...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

La poeta polaca Wisława Szymborska (1923-2013), ganadora del Premio Nobel en 1996, estuvo ligada al mundo literario durante toda su vida, ya fuera por sus artículos literarios, sus traducciones o su obra poética. Estos versos del poema "El cielo" resumen su identidad en muy pocas palabras: "Mis señas particulares / son el éxtasis y la desesperación." También con gran acierto en unos versos del poema "Hijos de la época" expresa su visión política: 

No es necesario siquiera que seas un ser humano

para cobrar importancia política.
Es suficiente con que seas petróleo,
forraje o materia reciclada.

A través de las metáforas de los dos últimos versos subyace en ellos, además de la necesaria identificación con otros elementos de la naturaleza -"Soy tan naturaleza como una tortuga, un árbol o una piedra", dice Sebastião Salgado-, la relación con unos materiales que permiten la transformación energética y que trascienden la simple relación metafórica para convertirse en paradigma de lo inevitable políticamente, como es la preocupación por el tratamiento que de ellos se hace para los seres humanos. 


Como se dice en algún artículo que he leído, la frase "¡No sé!" que incluyó en su discurso de aceptación del Nobel se asemeja al poema "Es una gran suerte" y que reproduzco íntegro aquí por su aparente sencillez, aunque encierra notables y profundos mensajes.


Es una gran suerte
no saber con exactitud
en qué mundo vivimos.
Saberlo exigiría
existir mucho tiempo,
mucho más
de lo que él dura.
Conocer otros mundos
siquiera para compararlos.
Elevarse por encima del cuerpo,
maestro indiscutible
en establecer límites
y presentar dificultades.
Por el bien de la ciencia,
por la claridad de la imagen
y de las conclusiones definitivas,
alzarse por encima del tiempo
en cuyo seno todo fluye y gira.
Desde esta perspectiva
adiós para siempre,
detalles y anécdotas.
Contar los días de la semana
debería parecer
una actividad sin sentido,
echar una carta al buzón,
una travesura de adolescentes,
el letrero “No pisar el césped”
una advertencia delirante.

domingo, 24 de octubre de 2021

DE LA INTERPRETACIÓN DE SIGNOS

¿OBJETIVIDAD? 




Resulta paradójico cómo un mismo hecho, un idéntico texto o una misma imagen puedan suscitar diversas lecturas, incluso opuestas. Lo vemos ante cualquier acto político, como la declaración reciente de Otegi sobre los asesinatos de ETA, la posible recuperación de la economía española tras la pandemia, el polémico tema de los toros y su inclusión en la cultura nacional, el improbable voto de Lorca a algún partido político actual...; y observamos de qué manera lo interpretan tertulianos e ideólogos del poder y del contrapoder dependiendo de su color político. 


Al ver el documental Las Hurdes, tierra con alma: 80 años en las Hurdes de Buñuel, a partir de la película Tierra sin pan (1933) del director aragonés, me ha llamado la atención que las imágenes aún hoy, como en su momento, producen dos posturas bien diferentes: aceptación   de la película como una terrible realidad que había que denunciar y cambiar, o bien, como una exageración que no se correspondía con lo que realmente sucedía en aquel lugar del norte de Cáceres. 

Como dice en un momento de ese documental Agustín Sánchez Vidal, a veces se confunde la realidad con la representación que se hace de ella, es decir, los fotogramas de la película por más que quieran reproducir la realidad no son la realidad misma, sino un mero icono de ella. Ello me recuerda la pintura de René Magritte Ceci n'est pas une pipe, pues cualquiera, en un principio, se puede sentir engañado por el texto al ser representada en la imagen una pipa; pero si se analiza con juicio crítico se observa que el signo y la realidad no se corresponden en términos de igualdad física. En el caso de Tierra sin pan, Buñuel y sus colaboradores crearon una obra de arte y no hicieron sino algo similar a lo que vemos en el cuadro de Magritte: sus imágenes no dejan de ser sino una representación de la realidad, pero quisieron denunciar la vida miserable de aquellos despojos humanos. Si se desea una interpretación objetiva del documental es preciso analizarlo con cierta dedicación, estudiar cómo era la España de aquella época, contextualizar el mensaje y valorarlo en su periodo adecuadamente. 

Existe otro vídeo de una visita que realizó el rey Alfonso XIII once años antes de que se produjera el de Buñuel y ya entonces se hablaba de que allí "siete mil habitantes mueren de hambre y abandono". Dicho esto parece más que justificada la denuncia que provocaba la película Tierra sin pan.

Volviendo a los temas mencionados en el primer párrafo, es preciso analizar los mensajes que recibimos con el criterio más crítico que podamos, de manera que estemos alerta a las intenciones espurias de algunos de ellos; en definitiva, no debemos ser meros espectadores ni repetidores de aparentes informaciones malintencionadas. Habrá que valorar con juicio crítico para formar nuestro punto de vista sobre noticias e ideas con que nos bombardean constantemente los medios de comunicación y, como decía L. Wittgenstein con que cerraba su Tractatus logico-philosophicus, (cito de memoria): de lo que no se puede hablar mejor no decir nada. 

Para conseguir ese juicio crítico, al margen de modas, es imprescindible una buena educación que nos ayude a buscar los datos pertinentes y lograr con ello una información cercana a la verdad, ya sabemos lo difícil que es esto, basta recordar lo que apuntaba al respecto María Zambrano: "decir la verdad es imposible, o es nefanda o es inefable"; aun así intentaremos formarnos para conseguir nuestra visión personal de actos, noticias, etc. con criterios objetivos y al margen de las malas artes de algunos.

martes, 14 de septiembre de 2021

STEFAN ZWEIG

 DIARIOS



La editorial Acantilado ha editado los Diarios de Stefan Zweig. Son nueve cuadernos que abarcan desde 1912 hasta 1940 con interrupciones de diversos años. Los periodos más sobresalientes se corresponden con ambas guerras mundiales y vemos una notable diferencia en los comentarios que hizo de las dos: en la Primera Guerra Mundial hay una evidente disparidad en lo que concierne al comienzo de ella, la afirmación de la necesidad de esa guerra, y durante el largo proceso de la misma, su idea cambió y se proclamó defensor de las corrientes pacifistas representadas especialmente por su amigo francés Romain Rolland. En la Segunda Guerra Mundial Stefan Zweig se vio peligrosamente señalado por su condición de austriaco y judío cuando vivía en Londres en plena guerra: "Noto crecer la desconfianza hacia nosotros día a día, cada vez más N. B. S. [En una nota se indica: 'Probablemente, la abreviatura de "not born subject", aplicable a los no nacidos en territorio británico. Tradicionalmente el derecho consuetudinario inglés distinguía entre los not born subject, denizen, alien friends y alien enemies] y noto que el rechazo adquiera proporciones germánicas. Pero ¿adónde huir?" (13 de mayo de 1940). Unos días después, el 24 de mayo, su desánimo continúa: "Me atormenta mi imaginación clarividente: veo perfilarse los escalofriantes contornos de la postguerra en Inglaterra, los estallidos de odio que, una vez más recaerán en nosotros, ya sea por nuestra condición de extranjeros o por la de judíos. No sólo hemos de contar con ser perseguidos una vez más, con perder los últimos medios de subsistencia, sino también con el odio." Aunque se le concedió la nacionalidad inglesa, al igual que a su mujer Lotte Altmann, en marzo de  1940, su condición de austriaco y hablante alemán y además judío, le condicionaban a ser una persona bajo sospecha.

Muchos de sus comentarios son breves y hacen referencia a la necesidad que tenía el autor de dedicarse a su creación literaria. Los del último cuaderno, de mayo y junio de 1940, son más extensos y se expresa en ellos la desesperación personal por la creencia de que el nazismo se consolidaría en todo el mundo. 

La totalidad de estos Diarios se presenta con una prosa límpida, ejemplar, y manifiesta su agudeza tal y como la conocemos en la mayoría de sus obras, especialmente en sus memorias El mundo de ayer, de obligada lectura no solo para tener datos del autor, sino para conocer la pérdida material y moral que supusieron las dos conflagraciones mundiales. En varios fragmentos se pueden extraer aforismos que demuestran el optimismo del autor, a pesar de la adversidad. Véase esta afirmación relativa a la condición humana, aunque bien sirve para referirse al medio ambiente: "La naturaleza es admirable incluso cuando es destructiva", o esta otra cuando habla de la monumentalidad de Nueva York en 1935: "La luz se ha puesto a nuestro servicio y se ha hecho el esplendor." Su visión de la gran metrópoli en aquel año difiere notablemente de la que nos dejó Federico García Lorca en Poeta en Nueva York. Stefan Zweig señala que Harlem es el barrio de los negros, pero no observa que haya racismo contra ellos porque los distritos están separados ("Es una ciudad estratificada, en absoluto homogénea, hecha de islas dispares."), a diferencia de lo que sí encontramos en la obra del poeta granadino: "¡Ay, Harlem!, ¡Ay, Harlem!, ¡Ay, Harlem! / No hay angustia comparable a tus ojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje."

Si tuviera que resaltar algunos temas que aparecen en sus Diarios, me detendría especialmente en la preocupación que Stefan Zweig tenía con la creación literaria. Refiriéndose a Rainer María Rilke, el poeta que se detenía con delectación en los pequeños detalles, "escribir poesía es un acto religioso para él, como rezar, y que no siempre posee la misma devoción, pues exige un singular estado de recogimiento interior." En relación con esta idea, observo que hay poetas, como mi amigo Antonio Muñoz Frías, que tienen una gran facilidad para la escritura, como si su musa, por llamarlo de alguna manera, estuviera permanentemente a su lado, con una capacidad pasmosa para abstraerse de toda la barahúnda de ruidos y agresividad que nos rodea; mientras que otros, y ahí me incluyo yo, el poema no surge sino por esos escasos momentos en que nos alejamos de la eterna confusión en que vivimos, para poder poetizarla.

Más adelante, el 20 de noviembre de 1917, Zweig continúa hablando de Rilke con estas palabras: "...se percibe el profundo misterio de ese hombre en apariencia frío e impersonal, porque siempre disimula lo más íntimo, no lo exhibe en sus obras, sino que lo mantiene en la sombra de su vida. Sólo a veces, cuando trato con personas próximas a él, me doy cuenta de que ha depositado en sus poemas lo más valioso de su existencia y adivino cómo se prodiga ese artista en apariencia tan parco. Sin duda es uno de los pocos hombres que tienen un estilo de vida propio y que interpretan la palabra, la esencia del poeta, en un sentido elevado e íntimo." Y alude a su Libro de horas: "...me doy cuenta de que, para Rilke, el sentido de la creación poética no se halla en el hecho de fijar la realidad, sino en el de compararla. No se adentra en el mundo, sino que lo intensifica a través de la variedad; el desorden del mundo fluye en él con el ímpetu de un torrente y su labor consiste en conferirle forma. Cobro conciencia del poder de la creación poética."

El espectáculo teatral también ejerce un gran poder de atracción en nuestro autor, pero es en la música donde encontramos unos comentarios realmente llenos de la lucidez que producen: "Vuelvo a escuchar el cuarteto Rosé. Y, en medio de una obra tardía preciosa -el adagio del opus 125 [Probablemente el Cuarteto de cuerda en mi bemol mayor, op.127, de Ludwig van Beethoven]- siento el susurro de un pensamiento íntimo: ¿cómo es posible que en un mundo en el que existe algo tan bello, en este preciso instante los hombres se estén lanzando granadas? Es una pregunta para la que no tengo respuesta, y, sin embargo, al escuchar esas notas celestiales me resultó más inconcebible que la propia muerte." (14 de diciembre de 1915). Con estas palabras de Stefan Zweig comprobamos que el hombre es capaz de conseguir los mayores logros culturales y artísticos, pero también de corromperlos y destruirlos por su afán devastador, en ocasiones, en nombre de falacias o límites o deseos de poder.

lunes, 2 de agosto de 2021

LA TAREA DEL ESCRITOR

Luis Landero. El balcón en invierno



Las palabras de Luis Landero sobre el arte de la escritura son de lo más acertadas que he podido leer en estos días. Se encuentran en su apasionante autobiografía El balcón de invierno y nos remite a la necesidad del esfuerzo y del ánimo constantes para conseguir lo deseado:

"Escribir es lo más creativo, lo más gozoso, el soplo que da vida a las figuras aún inertes, lo que sería en el cine poner la cámara en acción o tomar sus pinceles el pintor tras algunos bocetos, pero también es lo más delicado y lo más arduo. Yo siempre me acerco al atril con el temblor del enamorado primerizo en los albores de una cita. Y por querer, yo quisiera escribir como un niño a quien el hombre sabio y experimentado, con destrezas adquiridas en muchos años de soledad y de estudio, viene a rendirle pleitesía, a ofrecerles presentes, como si el niño fuese un rey caprichoso y tiránico, pero legítimo y único rey al fin. Tantas mañanas de escritura, tantos atardeceres de descansar la mejilla en la mano, los ojos escocidos de tanto leer… (p. 21)

domingo, 20 de junio de 2021

LA NAVE DE LOS MUERTOS

 B. TRAVEN



Hace unos días he vuelto a ver la película de John Huston El tesoro de Sierra Madre basada en una novela de B. Traven. Mi curiosidad me ha llevado a consultar al novelista en internet y he descubierto que  Acantilado ha editado recientemente esa novela, además de  La nave de los muertos. Al leer la información de la editorial de esta obra me pareció tan sugestiva que decidí conseguirla y, efectivamente, su lectura no me ha decepcionado. 

He investigado en la biografía de este autor y sus datos ofrecen más dudas que certidumbres. Se trata de un escritor de múltiples facetas, un Peter Sellers de la narrativa, hasta el punto de que existen muchas sospechas sobre su verdadera personalidad; pero a diferencia del actor británico, es más que probable que el enmascaramiento en otras identidades se deba a la misma circunstancia vital del protagonista de La nave de los muertos, por tanto, habrá que seguir leyendo para saber qué sucede con él.  

El artículo de Jan-Christoph Hauschild "El hombre que se inventó a sí mismo" aclara alguno de esos datos. Parece ser que B. Traven nació en Alemania hacia finales del siglo XIX, aunque quizás su ciudad natal, Świebodzin, hoy pertenece a Polonia. A principios del siglo XX colabora como actor en diversos proyectos teatrales con el seudónimo de Ret Marut. Más tarde es responsable de la edición de la revista crítica Der Ziegelbrenner (El fundidor de ladrillos) en la que "postulaba el entendimiento y la amistad y los pueblos" y "apelaba a la sensatez y a la capacidad cognitiva del lector para descifrar la noticia dentro de la noticia"; curiosamente, la censura creyó que se trataba de una revista de albañilería. En 1919 se convierte en el responsable de prensa de la República Soviética de Baviera. Huye de Alemania y viaja a Austria y a Inglaterra, hasta que en 1924 llega a Tampico (México), donde probablemente, para no identificarse con la persona que fue en Alemania, hubo de cambiar su nombre y utilizar el de B. Traven con el que firmó sus creaciones literarias hasta su muerte en 1969.

La nave de los muertos tiene semejanzas con otras obras: como La nave de los necios, extenso poema alemán de Sebastian Brandt (1457-1521) con bellas ilustraciones, algunas de Alberto Durero, en que una serie de locos viajan en barco hacia el país de los tontos; la obra de teatro San Juan, de Max Aub, reúne a un gran número de judíos durante la II Guerra Mundial que vagan errantes en un barco sin que ningún país les dé acogida; similar argumento al de la película El viaje de los malditos (1976) en que el transatlántico San Luis con miles de judíos sale de Alemania huyendo del nazismo sin que Cuba les admita en su isla. La imagen inferior representa la pintura de Jerónimo El Bosco titulada La nave de los locos sobre el mismo tema.

La nave de los muertos desvela los avatares de Gerald Gates para poder sobrevivir en un mundo que le es hostil. La narración comienza con la pérdida de su barco Tuscaloosa y con ello su tarjeta de marinero. Indocumentado, deambula por Amberes hasta que la policía le pasa a la frontera de Holanda con unos florines para quitárselo de encima; pero luego es devuelto a Bélgica, después a Francia y a España.

El protagonista intenta conseguir un pasaporte o una tarjeta de marinero que le permita tener un medio de circulación sin contratiempos, pero sin éxito por el farragoso trajín de inacabables negativas de la burocracia. se convierte en un apátrida: "He aprendido que lo que llaman patria, incluso lo que llamamos con cariño tierra chica, está metido en conserva, guardado en carpetas entre miles de expedientes y representado por funcionarios que se encargan de quitarle a uno cualquier sentimiento patriótico hasta que no queda ni rastro de él. ¿Dónde está mi patria? Allí donde nadie me moleste, donde nadie quiera saber quién soy, lo que hago o de dónde vengo, esa es mi patria, esa es mi tierra chica." 


Como indicara Stefan Zweig en El mundo de ayer -véase la entrada correspondiente en este blog-, también el protagonista de la novela de Traven se queja en primera persona de las consecuencias de la I Guerra Mundial. "Antes de la guerra nadie preguntaba por la tarjeta de marinero o por el pasaporte y la gente vivía tan feliz. Pero las guerras que se hacen en nombre de la libertad, de la democracia y del derecho de autodeterminación de los pueblos son siempre sospechosas. Sospechosas desde el día en que los prusianos comprendieron su guerra de liberación contra napoleón. Cuando se gana una guerra de liberación, en cuanto la campaña acaba, los hombres se quedan sin libertad, porque la guerra ha triunfado sobre la libertad." Joseph Roth en La cripta de los capuchinos abunda sobre esta idea señalando que en esa guerra no participó todo el mundo, a pesar de su denominación; sin embargo, "como consecuencia de ella, todos nosotros perdimos un mundo: nuestro mundo."

Sobre ese concepto de libertad, la opinión de Gerald es muy clara, pues hay que desconfiar de quien enarbola ese término porque cuando uno tiene que ir pregonando a voces: «¡Somos un pueblo de hombres libres!», es que quiere ocultar el hecho de que la libertad se la han dado a los perros o que ha desaparecido entre cientos de miles de leyes, ordenanzas, disposiciones, instrucciones, reglamentos y porras de policía, que la han devorado como si fueran ratas, y sólo han quedado los gritos, el eco atronador de los clarines y la figura de una diosa que representa a la libertad.”

Por fin, cuando llega a Barcelona embarca en el Yorikee, el terrible barco de los muertos. En el camarote de la tripulación hay una inscripción de lo más halagüeña: "Quien entra aquí perece, su nombre y su ser se esfuman para siempre." En él nuestro protagonista trabaja como carbonero, con una tarea constante, inmunda y fatigosa, sin apenas descansos, durmiendo en un camastro que es una simple madera, junto a compañeros andrajosos y llenos de suciedad y sin luz eléctrica, con lámparas de petróleo que hacen irrespirable la sala de las calderas. La comida es escasa y nauseabunda y las ratas deambulan en plena libertad. ¿Qué transporta el barco, además de estas maravillas?, pues , ¡qué va a ser sino productos de contrabando! Por supuesto, nadie pregunta a nadie sobre la documentación personal. Todo un lujo para quien desea un crucero con todos los detalles de las atracciones turísticas.

Se podría decir que la invención narrativa del autor es asombrosa, pero si hacemos caso de las palabras de J. Ch. Hauschild, esa invención tiene un trasfondo de vivencia personal, pues allí se nos dice: "Yo no puedo sacarme nada de la manga (...). He tenido que aterrorizarme hasta casi enloquecer antes de poder describir el horror, tengo que sufrir yo mismo toda la tristeza y toda la pena del alma antes de hacérselas sufrir a las figuras a crear."

 


¿Cuánto hemos cambiado  desde aquella publicación de finales del XV de Sebastian Brandt? Permítanme que responda con claridad: ¡Nada, nada, nada! Basta observar la llegada de pateras a las costas europeas o contemplar cómo se persigue a embarcaciones, como el Open Arms o el Aquarius, que tratan de ayudar a inmigrantes que huyen del hambre, la guerra o, simplemente, un destino de miseria. Países que han aprobado los derechos humanos de asistencia y protección de la vida humana, tratan a sus ocupantes como apestados, pues traen el virus de la pobreza y solo transmiten el dolor. El egoísmo de los países desarrollados para cumplir un mínimo de esperanza con los pobres de la tierra es descorazonador. Es el mismo egoísmo que nos transmitía un amigo al considerar que vivimos bien y que no es necesario defender a partidos políticos que reclaman un reparto de la riqueza con equidad. "Aquí se vive bien", nos decía hace apenas unos meses. Mi respuesta fue si es necesario cerrar los ojos a las personas que viven con nosotros o más lejos y tienen sus necesidades básicas sin cubrir, si es necesario que los marginemos, mientras nosotros vivimos bien. Creo que ya he comentado en varios artículos de este blog esta idea que escuché hace ya unos cuantos años a mi compañero de Filosofía Fernando López Laso en aquellos inacabables claustros del IES Parla II: en este mundo globalizado si no hacemos nuestras las penalidades, desgracias y miserias de los países pobres no acabaremos con la pobreza, es decir, su pobreza también es la nuestra. Un mundo igualitario, independientemente de distintas etnias, religiones o intereses, es necesario. 

martes, 11 de mayo de 2021

FRIEDRICH HÖLDERLIN

 FRIEDRICH HÖLDERLIN (1770-1843)



Quien fuera uno de los poetas románticos más influyentes tuvo una vida dedicada al estudio. a la educación y a la poesía y, como señala Hans George Gadamer en La dialéctica de Hegel: "padeció la desgracia como poeta y como hombre", pues sus 36 últimos años los acabó confinado en la torre de Tübingen por su locura.

Desde muy joven perdió a su padre y a su padrastro y su madre le encaminó a la vida religiosa. Entró en el seminario de Denkendorf en 1784, continuó su desarrollo en Maulbronn dos años después y con dieciocho años ingresó como becario en el seminario de Tübingen, donde fue condiscípulo de Hegel, Schelling, Neuffer, Magenau o Stäudlin. Las normas impuestas a los becarios eran sumamente estrictas y de infringirlas podrían acabar en la cárcel. Recuerdo la visita que hicimos hace unos años a Heidelberg y pudimos comprobar cómo era la cárcel de los estudiantes (Studentenkarzer) de la época del autor. En las fotos adjuntas se aprecia de qué manera las ilustraban. 

Hölderlin siempre aprovechó satisfactoriamente sus  estudios. Terminó como magíster porque no se dedicó al mundo religioso, sino que se convirtió en educador personal de determinados hijos de familias adineradas de la región. Para entonces ya había contribuido con magníficos poemas en revistas y almanaques de la época y se encaminaba a la continua reescritura de su Hiperión o El eremita de Grecia.

Imbuido por las ideas republicanas surgidas en la Francia de la revolución, su visión del mundo chocó con la ideología predominante en la todavía inexistente Alemania. su punto de vista sobre la educación tiene la influencia de Rousseau como se aprecia en este texto de la biografía novelada de Peter Härtling (Hölderlin. Una novela), basada fundamentalmente en la correspondencia del poeta: Hölderlin "condena la educación que le impartieron, que le mutiló, que le frustró, que le enseñó la humildad y le negó la razón, que insistió en la culpa general y en el castigo individual, que le había preparado para la teología e incapacitado para la vida [...] El educador tiene que acercarse al niño en su esfera privada para convertirle en un individuo autónomo." A ello se refiere con estas palabras: "Tengo que sacar al niño de su estado de inocencia, del marco estrecho de su instinto, del estado de naturaleza, para conducirle por el camino que le permita ir hacia la cultura, tengo que despertar en él al ser humano, despertar sus necesidades superiores, una vez conseguido esto, puedo y debo obligarle a mantener siempre vivas estas necesidades y a empeñarse en tratar siempre de satisfacerlas."

Como preceptor del hijo de Jacob Gontard conoció a quien inmortalizó en sus poemas como Diotima y a la que amó desesperadamente hasta la muerte de ella. Se trataba de Susette, la mujer de Gontard. Peter Härtling recrea el momento de su enamoramiento: "No sé cómo empezaron las cosas, si se confesaron ya su amor en este refugio veraniego [en Pfingstweid, al este de Frankfurt], si paladearon ya su creciente y mutuo interés y la creciente tensión, también, sin expresarla con palabras. son detalles sin importancia -ya sabemos lo que es esto- que les conmueven o les hacen sufrir: el roce ligero de su hombro contra el brazo al pasear, el sonido de una sonrisa que de repente suena de otra manera, el que ella le llame involuntariamente mi querido, el que, al finalizar la lectura, la mano de ella se demore en la suya." Diotima es la amada recreada en Hiperión que acompaña al protagonista en busca de la libertad deseada para transformar el mundo a través de la poesía. 

De todos los poemas dedicado a su querida amada destacaré este fragmento:
"Tú, tú que reconciliaste antaño a los elementos ven a apaciguar en mí
gracia de las musas celestes, el caos del tiempo,
ven a cubrir el clamor de las batallas de los cánticos de paz del cielo,
hasta que en el corazón mortal del que está desgarrado reine aún la unión, 
hasta que del remoto abismo del tiempo renazca fuerte y alegre
la inmensa y serena naturaleza del hombre.

Las habladurías de ese amor mutuo propiciaron el despido de Hölderlin, aunque no impidieron que continuaran viéndose a escondidas. La muerte de ella dio comienzo a la terrible pesadumbre del poeta y a su agónico estado de dejadez y locura que le condujo a vivir hasta su muerte alojado en la torre de Tübingen gracias al carpintero Zimmer.

La estética de Hölderlin se manifiesta con absoluta vehemencia en todos sus textos. En la novela epistolar Hiperión dice: "olvídate de que hay hombres, miserable corazón atormentado y mil veces acusado, y vuelve otra vez al lugar de donde procedes, a los brazos de la inmutable, serena y hermosa naturaleza." La poesía es el medio idóneo para expresar su visión: "No puedo concebir ni comprender la historia sin un sentido estético. Y esto es lo que vuelve a poner a la poesía en el sitio que le corresponde de educadora de la humanidad."  Martin Heidegger en su breve ensayo Hölderlin y la esencia de la poesía señala algunos términos relativos al concepto de poesía expresados por el poeta romántico; "Es la más inocente de todas las ocupaciones", pero a la vez "se le ha dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con él cree y destruya, se hunda y regrese a la eternamente viva, a la maestra y madre." En estos términos resuenan los ecos de F. Nietzsche cuando apunta en El nacimiento de la tragedia que "sólo como fenómeno estético está justificada la existencia del mundo." Es como si el arte poética se convirtiera en la esencia de todo lo humano y su desarrollo consiguiera la transformación en una nueva religión, como así plantearon él y sus amigos Hegel y Schelling. En Hiperión se nos dice "El primer hijo de la belleza humana, de la belleza divina, es el arte." Y la poesía es la semilla que propicia esa belleza.

Es más que evidente la deuda que todos los poetas tenemos contraída con los escritores románticos y en especial con Hölderlin. En cierta manera uno de de mis poemas tiene esa influencia. Me refiero al poema que titulé "Palabra" y que cierra El eco de las voces, si bien está inspirado en un comentario del poeta sirio Adonis: "el hombre escribe y lee para liberarse, para destruir el poder -celeste o terrestre- no en nombre de otro Dios padre, sino en nombre del hombre mismo". En mi opinión contiene evidentes referencias de la obra del poeta alemán. Aquí se puede apreciar:

Sólo la palabra nos salva del espejismo
convierte la lucha en reclamo
fruto de inigualable savia.
La palabra es nuestra religión,
la inercia con que se rechaza
la liturgia del dios del sufrimiento,
de la lágrima avergonzada,
del camuflado perdón
que evoca la causa del poder.
La palabra anuncia lo desconocido
y convierte la obediencia
en la ansiada libertad.

Estos versos de su tragedia La muerte de Empédocles están puestos en boca del filósofo de Agrigento y dirigidos a su discípulo Pausanias, pero bien podrían estar referidos al propio Hölderlin como si él nos recitara en primera persona y nos ofreciera su resplandor en un espejo:

Cuando el espíritu floreció en mí, como floreces
tú mismo, te conocí, y lo grité, estás vivo,
y cuando, sereno, caminas en torno a los mortales
y, cn tu juventud celeste, haces resplandecer
la favorable luz que de ti emana sobre todas las cosas,
para que todas tengan el color de tu espíritu
la vida para mí también hizo poema.


domingo, 21 de marzo de 2021

DE LA INFLUENCIA DE LA LECTURA...

 Desierto sonoro, de Valeria Luiselli


Creo que esta vez no me equivoco si afirmo que fue mi amigo Nacho quien me facilitó, si no la recomendación, al menos la idea de la lectura de Desierto sonoro de la autora mexicana Valeria Luiselli.

La obra se desarrolla en el recorrido por las carreteras estadounidenses desde Nueva York a Arizona que organiza la familia protagonista, una pareja y sus dos hijos Pluma perdida y Memphis. La novela recuerda, como se indica en uno de los fragmentos, En el camino, la célebre narración de Jack Kerouac junto a sus amigos de la generación Beat por la ruta 66. En el caso de la obra de Valeria la familia viaja en busca de los sonidos olvidados de los indios apaches chiricahuas y de los niños inmigrantes perdidos por el desierto. "Las historias son un modo de sustraer el futro del pasado, la única forma de encontrar la claridad en retrospectiva."

En la primera parte de la novela es la madre quien nos narra en breves secuencias el relato del viaje, pero también el hijo de diez años, más adelante, se convierte en el narrador y le especifica a su hermana el trabajo que realizan sus padres: "papá es documentólogo y mamá documentalista, y muy pocas personas conocen la diferencia. La diferencia es, sólo para que sepas, que un documentólogo es como un bibliotecólogo y un documentalista es más parecido a un alquimista. Pero en el fondo papá y mamá hacen casi lo mismo, tenían que encontrar sonidos, grabarlos, meterlos en una computadora y luego ordenarlos para que contaran una historia."

Efectivamente, el padre se dedica a grabar sonidos diversos y los ecos de las ausencias de algunas personas. Su viaje se justifica por intentar llegar al lugar de la reserva de los indios Gerónimo, Cochise y otros apaches chiricahuas para rescatar precisamente su estela perdida en la salvaje esquina de Arizona donde los vencedores de una supuesta conquista, los ojosblancos, les abandonaron sin respetar su tierra y sus tradiciones. "El sonido, el espacio y el tiempo están conectados de un modo mucho más íntimo del que solemos reconocer, aunque no entendamos del todo su relación", se nos dice en la secuencia titulada "Ondas sonoras".

La madre, por otro lado, trata de documentar la historia de los niños perdidos que abandonan su país de Centroamérica para dirigirse al norte; en especial está implicada en conocer el paradero de las dos hijas de Manuela, asentada ya en Estados Unidos y a la espera de encontrar a sus pequeñas para legalizar su estancia.

Quiero poner en valor... (Perdón, imitamos las expresiones que oímos sin darnos cuenta de que existen otras más adecuadas.) Quiero resaltar un detalle que me ha llamado la atención de la novela de Valeria Luiselli y que tiene que ver con el título "De la influencia de la lectura..." Se trata del concepto de pérdida y del sentimiento que ello produce en el lector.

En la novela se muestran, además de la pérdida de los indios apaches y de las hijas de Manuela, otras pérdidas. Una es la que se  relata entre las diversas secuencias como el título de Elegías para los niños perdidos y que se nos dice "que fue escrito en italiano por Ella Camposanto y traducido luego al español por Sergio Pitol", sin duda es un cuento ficticio y que remite probablemente a otra novela de la autora con el mismo tema, Los niños perdidos (2016).  La otra pérdida es la que se produce cuando los hijos de los protagonistas desaparecen camino del Gran Canyon por la iniciativa del niño; si bien, a esa pérdida se superpone  la de su hermana.

La percepción que he tenido como lector de esas pérdidas son el motivo principal de esta entrada: desde una aparente indiferencia cuando se narra en tercera persona el relato de los niños perdidos hasta una identificación mucho más directa cuando el niño relata en primera persona la desaparición de su hermana Memphis:

"¿En dónde estabas, Memphis? La primera vez que me di cuenta de que estábamos perdidos, pensé que si papá y mamá no nos encontraban nunca, al menos seguiríamos juntos, y eso era mejor que nunca volver a estar juntos de nuevo. Por eso, durante todo este tiempo, mientras nos íbamos perdiendo cada vez más no sentí miedo. O sólo un poco. Hasta estaba contento de perderme. Pero ahora te había perdido a ti, así que ya nada tenía sentido. Sólo quería que me encontraran. Pero primero tenía que encontrarte a ti.
¿Y en dónde estabas? ¿Tenías miedo?"

La narrativa, como el cine, el teatro y otras expresiones artísticas, tiene la facultad de implicarnos directamente en los hechos que se cuentan, sean ficticios o no, es decir, un buen relato permite que asumamos como personales tanto la desgracia como cualquier acontecimiento feliz de los personajes. Por el contrario, cabe la posibilidad de que manifestemos una verdadera apatía ante cualquier hecho, incluso ante una información que se nos presenta como veraz en algún telediario o prensa escrita. En este sentido quiero rescatar las palabras de la periodista Carmen de Burgos cuando expresaba lo siguiente durante la guerra de Marruecos cuando acudió como corresponsal: "¡Cómo nos habitúa el sufrimiento ajeno hasta la indiferencia y, sobre todo, cómo penetra el odio en los corazones!"

En definitiva, lo que deseo destacar es la necesidad que tenemos de hacernos eco de las situaciones que se nos transmiten, sean reales o no, y es imprescindible que tengamos la voluntad de ponernos en la situación del otro para valorar su circunstancia  como si fuera nuestra. Esta idea me recuerda la conversación que tuve con una amiga en torno a un tema polémico: le comentaba que un político conservador norteamericano, que era contrario al divorcio, cambió radicalmente de opinión al permitir que su hija pudiera divorciarse inmediatamente. En cuanto hizo del problema algo personal su punto de vista sobre ese tema cambió.

En la actualidad, es difícil mantener la independencia ideológica ante las presiones de la publicidad y de los diferentes grupos de presión, sean éstos partidos  políticos u otras instituciones que pretenden pervertir nuestras conciencias. Este tema siempre me ha interesado y creo que la lectura y especialmente la educación de nuestros jóvenes tiene una función primordial e imprescindible en esta faceta tan importante. 

domingo, 14 de febrero de 2021

MARGARITA JEREZ

 In memoriam de Margarita Jerez


Curso 1990-1991 IES Villa de Valdemoro

    Es difícil encontrar en una persona la sencillez y el compromiso para desarrollar correctamente cuanto uno pretende en esta vida. Con esa naturalidad y ese arrojo Margarita Jerez, nuestra amiga y compañera de tareas educativas, se caracterizó en todo momento. Lamentablemente, hace unos días supimos de su fallecimiento.

   Coincidimos con ella mi mujer Isabel y yo en el instituto público de Valdemoro hace la friolera de treinta años. Allí junto a otros compañeros (Trini, Lourdes, Ana, Paz, Rosa Esther, Pilar, Rosa, Juan...) conocimos las cualidades humanas y profesionales de Margarita: su preocupación y sus inquietudes culturales tenían como foco la búsqueda de materiales educativos, no sólo para sus alumnos, también para los compañeros que compartimos con ella el Departamento de Lengua. Conservamos algunos de esos materiales didácticos que generosamente nos ofrecía y aún hoy los sugerimos a otros compañeros como una rueda inacabable; como el célebre texto de La escuela vacía de Tahar Ben Jelloum.

   De la época en el centro recuerdo un hecho que hoy se me antoja entrañable y dice mucho de la calidad humana de Margarita. A la sazón ella era jefa de estudios y llevaba su tarea con la dedicación plena que le caracterizaba en todo aquello que emprendía. Se había comprometido con varios alumnos, probablemente de segundo o de tercero de BUP, en realizar un viaje de fin de curso. La salida estaba organizada y la persona que la acompañaría en el último momento no pudo ir al viaje dejando en la estacada a Margarita. En un claustro, donde ella confirmó que iría a la salida a pesar del abandono de esa persona, solicitaba que alguien se uniera a ella para cumplir la promesa que había hecho a los estudiantes. Al finalizar el claustro le dije que, si no había nadie que la pudiera acompañar, yo me ofrecía para hacerlo. En último término otra compañera fue con ella y el tema se resolvió favorablemente. Sin embargo, cuando llegamos en septiembre a los exámenes extraordinarios Margarita me regaló el cuaderno de trabajo teatral de las Comedias Bárbaras de Valle-Inclán que por aquel entonces se representaba en el Teatro María Guerrero de Madrid. Ella sabía de mi gusto por el teatro, pues ese curso yo había participado junto a otras compañeras en varias representaciones en el teatro municipal de Valdemoro[1], y así me agradecía con su habitual generosidad mi ofrecimiento, a pesar de que otra persona había realizado esa salida de fin de curso y no yo.  

   Recuerdo otro momento en su casa del norte de Madrid donde nos invitó un día a pasar con ella una jornada memorable, bañándonos en la piscina que compartía con otros vecinos. Entonces supimos de su nuevo destino en el IES María Guerrero de Collado Villalba, más cerca de su casa, donde también dejó la estela de su excelente personalidad.

   Tras su jubilación volvimos a vernos en varias ocasiones, en una cafetería de Argüelles donde ella participaba con otros amigos en un club de lectura, en el Salón de Libro Teatral en Lavapiés donde nos acompañó a mi mujer y a mí por la publicación de mi obra de teatro Instituto público o en la presentación de El eco de las voces en la Librería Los editores de Madrid.

   El librero de la caseta de libros de segunda mano de Alonso Martínez echará de menos sus detalles: ella le compraba algunos de los libros que le interesaban pagándolo como corresponde y luego, una vez leídos, se los devolvía para que los volviera a poner a la venta, por supuesto, sin reclamarle ningún dinero. Ella, amante de la lectura y de la cultura en general, cuando desalojó su casa de Madrid para irse a otra más pequeña y cómoda me regaló uno de sus libros más queridos, las Memorias del estanque de Antonio Colinas. Hoy lo conservo con grato recuerdo, al igual que su memoria.

 

Cortesía de Ángel Jerez



[1] Rosa lo hizo con La paz de Aristófanes, Trini con Yerma de Federico García Lorca y yo con El Horroroso crimen de Peñaranda del Campo de Pío Baroja. La labor de Rosa Esther, de Paz y de muchos alumnos en la búsqueda del atrezzo necesario y de la creación de los decorados fue extraordinaria.

viernes, 22 de enero de 2021

NAGUIB MAHFUZ

 HIJOS DE NUESTRO BARRIO

El escritor egipcio Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911-2006), el único Premio Nobel (1988) en lengua árabe, nos presenta en su novela Hijos de nuestro barrio la saga familiar en torno a su patriarca Gabalaui y su casi infranqueable y paradisíaca Casa Grande.

El personaje de Gabalaui es misterioso, enérgico con su familia y aparentemente insensible. Se manifiesta sólo cuando hay necesidad de remediar los conflictos que surgen entre la ciudadanía del barrio y lo hace a través de un criado o presentándose disimuladamente pidiendo a uno de sus descendientes que sea fuerte ante la presión de los jefes del barrio que viven enriqueciéndose, protegiendo al administrador del patrimonio del habiz (donación de bienes en el Islam) y sometiendo por la fuerza a todos los demás, hasta el punto de torturarlos o hacerlos desaparecer si es necesario.

Gabalaui es similar al Dios del Antiguo Testamento, que castiga con vehemencia cualquier indisciplina. Lejos de ser compasivo con sus hijos, la novela comienza con el patriarca alejando a sus dos hijos Adham e Idrís de la Casa Grande por su ambición o por su maldad. La similitud con los personajes bíblicos es obvia en todo momento y de ello la profesora Encarnación Ruiz Callejón ha dado muestra en el artículo Hijos de nuestro barrio: la “tierra prometida” y el “pueblo elegido” vistos desde la diferencia: La pelea de Adham e Idrís es similar a la de Caín y Abel, la expulsión de Adham y Omayma de la Casa Grande a la de Adán y Eva, y la relación de los protagonistas Gábal, Rifaa, Quásem son equivalentes a Moisés, Jesucristo y Mahoma respectivamente. Estas referencias a los grandes personajes de las tres grandes religiones monoteístas y los detalles temáticos de la novela es lo que provocó que fuera prohibida en Egipto y en casi todos los países del mundo islámico, aunque se publicó inicialmente por entregas en el diario egipcio Al-Ahram. A pesar de la censura Naguib Mahfuz siguió escribiendo en libertad, aunque el fanatismo islamista atentó contra él en 1994 por considerar que su obra era una blasfemia contra la religión musulmana.

Cada capítulo de la novela tiene como título el nombre de descendientes de Gabalaui a quienes se les pide que apliquen justicia porque los jefes de cada distrito actúan salvajemente adueñándose de todos los bienes posibles, mientras los demás viven en la pobreza.

Cada uno de esos descendientes alejados de la Casa Grande representan a un distrito diferente del barrio y tienen un símbolo particular que merece la pena destacar:

Adham representa la bondad: “Eres un buen hijo y la gente buena siempre triunfa”, le dice su madre. No obstante, acepta la idea de su mujer de conseguir el libro de los diez consejos que guarda el secreto de Gabalaui. No lo consigue, pero eso le conduce a la expulsión de la Casa Grande y a la pobreza.

Gábal personifica la fuerza para afrontar cualquier circunstancia hasta el punto de conseguir vencer a los jefes sanguinarios y repartir la riqueza del barrio con equidad. “Algunos criticaban su fuerza y su rigor, pero siempre encontraban a alguno que les contradecía, recordando el otro aspecto de su carácter, es decir, su piedad para con los oprimidos y su sincero deseo de establecer un orden que garantizase la justicia y la igualdad entre la gente. 

Rifaa tiene el poder de liberar de espíritus malignos a quienes así lo deseen y ello le permite tener una serie de adeptos entre la población lo que lleva, a pesar de la traición de su mujer y su muerte, a conseguir privilegios para sus partidarios. “La gente disfrutaba de la vida y la alegría se reflejaba en los rostros. Todos afirmaban convencidos y con fe que el presente era mejor que el pasado…

Quásem encarna la justicia y la igualdad independientemente del sexo: «Si el Señor me hiciera triunfar no privaría a las mujeres de disfrutar de los beneficios que se nos han legado.» Quamar comentó sorprendida: «Pero los bienes habices son para los hombres, no para las mujeres.» Miró [Quásem] con ternura los negros ojos de la chiquilla y prosiguió: «Por boca del criado, mi antepasado dejó dicho que la herencia común es de todos, y las mujeres son la mitad de los habitantes del barrio. Resulta asombroso que nuestro barrio no respete a las mujeres; sin embargo, lo hará el día en que aprenda a respetar el significado de la justicia o de la compasión.»

Arafa, por fin, interpreta al sabio que utiliza el conocimiento para conseguir la distribución equitativa de la riqueza y para ello recurre a la magia.

Curiosamente, todos esos descendientes abordan con energía ese reparto de los bienes del barrio de manera justa y a veces lo logran; sin embargo, al cabo de la desaparición de cada uno de ellos todo regresa al punto de partida de abuso de poder y pobreza. El olvido se apodera de ellos y la división social entre los ricos que poseen la fuerza de las armas y de la riqueza, y los pobres, que malviven con escaso trabajo, es la circunstancia que domina constantemente en el barrio.

Mahfuz acomete en Hijos de nuestro barrio el deseo humano de distribución justa de la riqueza, de manera que todas las personas, independientemente de su etnia, sexo, origen y condición social dispongan de los bienes fundamentales para desarrollar su vida con absoluta libertad y plenitud; pero, cuando parece que todo eso es factible, se produce el olvido y la regresión a las diferencias sociales y económicas. No deja de ser semejante a la historia de la humanidad: el eterno contraste entre ricos y pobres y el deseo de algunos por conseguir un mundo más justo sin alcanzarlo, a veces con el peligro de perder la propia vida. Esta disparidad me recuerda unas palabras de José Martí en un breve ensayo dedicado a Emerson y publicado en La Opinión Nacional de Caracas en 1882: “El hombre pasará eternamente la vida tocando con sus manos, sin llegar a palparlos jamás, los bordes de las alas del águila de oro.