viernes, 23 de octubre de 2020

Louise Glück

 TRES POEMAS DE LOUISE GLÜCK

No sé en qué momento compré El iris salvaje de la reciente premio Nobel Louise Glück, quizás en las visitas a mi querida Cuesta de Moyano, donde a veces se encuentran verdaderas joyas a precios reducidos. Esta feria de libros cerca de Atocha tiene el mismo encanto que las casetas de los bouquinistes del Sena en París. Mi intuición a veces me facilita estas sorpresas.

Al concedérsele el premio a Louise Glück recurrí a mi biblioteca y allí estaba, precisamente la obra que había conseguido en 1993 el Premio Pulitzer de Poesía de esta autora consagrada en Estados Unidos antes de que fuera reconocida por la Academia sueca y el primero que había sido traducido al español por la editorial Pre-Textos por Eduardo Chirinos.

La lectura en un principio no me pareció atractiva: contiene una serie de poemas de aparente sencillez llena de reproches difíciles de contextualizar; sin embargo, me sorprendieron los tres últimos poemas, que incorporo en esta entrada, y que me parecieron brillantes y llenos de sugerencias. Dejo a mis lectores que interpreten si eso es así.

 

El lirio de plata

De nuevo hace más frío por las noches, como al comienzo / de la primavera, y hay silencio de nuevo. ¿Acaso / te perturban las palabras? Ahora / estamos solos; no hay razón para el silencio.

Mira sobre el jardín, la luna llena está saliendo. / Yo no veré la siguiente.

Cuando salía la luna, en primavera, significaba / que el tiempo era infinito. Gotas de nieve / se abrían y cerraban, las semillas / de los arces caían en pálidas ondas. / Blanco sobre blanco, la luna se alzaba sobre el abedul.

Y en la torcedura, donde el árbol se divide, / las hojas de los primeros narcisos, bajo la suave / luz verdosa y plateada de la luna.

Hemos llegado juntos demasiado lejos como para temer / el final. En noches como ésta, ni siquiera sé qué significa / el final. Y tú, que has estado con un hombre / después de los primeros llantos, dime, / ¿no emite la alegría, como el miedo, algún sonido?

 

El lirio dorado

Cómo siento / que estoy agonizando y sé / que no volveré a decir palabra, que no / sobreviviré a la tierra, que no seré / convocada de nuevo, que no soy flor aún, / sino una espina, y el áspero polvo / se instala en mis costados, yo te invoco / padre y maestro a mi alrededor / mis compañeros se marchitan, piensan / que no ves. ¿Cómo pueden / saber que ves / si no nos salvas? / En el crepúsculo de verano ¿estás / lo bastante cerca para oír / el terror de tu criatura? ¿o / no eres tú mi padre, / aquel que me cultivó?

 

Lirios blancos

Igual que un hombre y una mujer / construyen entre ambos un jardín / como un lecho de estrellas, / se demoran ellos en la tarde de estío, / aquí, y la llenan de frío / con su terror: todo / podría terminar pues todo tiende / a la devastación. Todo, todo / puede perderse, a través del aire perfumado / donde inútiles columnas se levantan / y más allá se agita un mar / de amapolas.

Calla, amor mío. No me importa / cuántos veranos tenga que vivir para volver; / este verano hemos entrado en la eternidad. / Siento tus dos manos / Enterrarme para liberar su esplendor.

jueves, 8 de octubre de 2020

ELOGIO DE LA SOMBRA

Elogio de la sombra es un breve ensayo del escritor japonés Junichiro Tanizaki en que muestra la diferencia entre el mundo occidental y el oriental y establece los criterios de belleza relacionados con los conceptos de luz, penumbra y oscuridad.

El autor se hace eco de la antigua tradición japonesa de las construcciones de templos o casas particulares con amplias zonas de sombra. Para él: “cuanto llamamos belleza surge de la realidad cotidiana, y nuestros antepasados que habitaban en cuartos oscuros por necesidad, la descubrieron presente en la penumbra y esa oscuridad sirvió de cauce para desarrollar un ideal estético. Por tanto la belleza de los interiores de una casa japonesa se halla en los matices de sombra, sin ella apenas queda nada. […] Diríase que no hay nada más misterioso que la magia de las sombras”. Y más adelante añade: “Hallamos la belleza no en los objetos mismos, sino en los claroscuros de la luz contrastando con los objetos. Una joya fosforescente emite su brillo y colorido en la oscuridad, y los pierde a la luz del día. Sin la sombra, no existiría la belleza.”

Similar es la apreciación del filósofo coreano Byung-Chul Han en su ensayo Acerca de la cultura y la filosofía del lejano Oriente: “Bella no es la presencia total sino un aquí que está recubierto de una ausencia, que por el vacío es menor o más ligero. Bello no es lo claro o lo transparente, sino lo que no está delimitado nítidamente, lo que no está diferenciado claramente, pero que hay que diferenciar de lo difuso.”

Mi experiencia personal coincide con la apreciación de Tanizaki. Recuerdo que de niño siempre pasábamos unos días de veraneo en el pueblo de mis padres, Tomellosa de Tajuña en Guadalajara, y comprobaba que por la noche sólo existía una escasísima luz en la calle principal, el resto eran calles oscuras que se iluminaban con la luz de la luna. La experiencia de un niño de Villaverde Alto no se adaptaba ni comprendía esa escasez. En el pueblo, dentro de las casas, la cocina era el lugar adecuado para compartir encuentros y conversaciones a la lumbre del hogar. Los candiles iluminaban muy poco y se utilizaban para ir a las alcobas a dormir.

Recuerdo una anécdota relacionada con la iluminación del Villaverde en aquella época de mi niñez de los años sesenta. Mi hermano, mi padre y yo habíamos salido del cine Magerit después de ver alguna película de Tarzán o de Charlot (no están mal los dos personajes para aprender acciones y emociones: el héroe que se adapta a las inclemencias y el antihéroe que se ríe a pesar de las adversidades) y nos dirigíamos a casa a cenar. En la esquina de una de las calles cercanas a las denominadas “colonias”, mi padre nos paró porque había visto a los lejos a un chico con un tirachinas tratar de romper una de las farolas. Lo que pretendía el chico no lo sé bien, pero lo que intentaba mi padre era evitar un gesto incivil además de impedir que se rompiera ninguna lámpara porque era él quien tenía que sustituirla ya que era el electricista del barrio.

El ensayo de Tanizaki se escribió en los años treinta del siglo pasado y en esa época Japón se había occidentalizado en lo que se refiere al uso indiscriminado de la luz en calles e interiores. Tanizaki apunta que “Japón solo aspira ansiosamente a imitar a Estados Unidos” por eso “el gasto de luz eléctrica es exagerado. […] Cuando en verano se encienden las luces antes del atardecer, además de un gasto inútil de energía aumenta la temperatura.”

Sin duda, hoy el gasto energético es inmenso, especialmente en las grandes ciudades y, salvo aquellas tendencias ecológicas que intentan atenuar la enorme intensidad lumínica en esas ciudades, lo normal es que se desarrolle una competencia entre núcleos urbanos para ver quién incorpora un mayor número de luces convirtiéndolo en un espectáculo aclamado por los medios de comunicación, sobre todo en las fechas de los últimos meses de año.  

 Fachada del cine Magerit de Villaverde Alto. Se encontraba en la calle Albino Hernández Lázaro esquina con Doctor Martín Arévalo. Hoy ya desaparecido.

lunes, 21 de septiembre de 2020

So Ham

 SO HAM

So Ham es un mantra sánscrito relacionado con la idea de solidaridad o empatía con otras personas u otros seres, pues significa “yo soy esa persona” o “yo soy eso”, también es el mantra que utiliza con frecuencia el maestro taoísta Juan Li en sus sesiones y prácticas. Todas esas prácticas tienen como fuente de inspiración ese deseo de compartir y resolver las dificultades, promesas y decisiones no cumplidas de la familia, entendiendo a esta como toda la humanidad, e incluyendo también las de aquellos que nos precedieron y que por circunstancias se quedaron en el limbo de lo incumplido. Se trata por tanto de la compasión hacia los demás en su más alto grado. 

Un ejemplo de compasión, de empatía, lo encontramos en la novela de Milan Kundera La insoportable levedad del ser, donde el escritor checo, después de expresar el sentido etimológico de la palabra (formada por el prefijo com- y el sustantivo passio, ‘padecimiento’) y considerar cierta connotación negativa del término, pues puede significar que la situación de quien compadece es mejor que la de quien sufre,  nos indica que  “tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor.” Y lo ejemplifica con un sueño del personaje de Teresa: “soñó que se clavaba agujas entre las uñas” y el médico Tomás “le cogió la mano y le besó las yemas de los dedos, porque en ese momento él mismo sentía el dolor debajo de las uñas de ella, como si los nervios de sus dedos condujeran directamente a la corteza cerebral de él.”

Un ejemplo contrario de no compadecerse de otros lo tenemos en la novela de Eric Vuillard El orden del día. Esta novela histórica recibió el Premio Goncourt en 2017 y relata cómo las grandes empresas alemanas contribuyeron al advenimiento del nacionalsocialismo y de cómo Hitler conminó al mandatario austriaco a su sustitución por otro de ideología nazi.

…en Viena el canciller Schuschingg recibe un ultimátum, de Adolf Hitler. O retira su proyecto de plebiscito, o Alemania invade Austria. […] Transcurren cuatro interminables horas. A las dos de la tarde, Schuschingg, tras mandar a paseo la comida, anula por fin el plebiscito. Uf. Todo podrá seguir igual que antes: los paseos a orillas del Danubio, la música clásica…

Pero no. El monstruo es más goloso que él. Ahora exige la inmediata dimisión de Schuschingg y que Seyss-Inquart lo sustituya en el puesto de canciller de Austria. Nada menos. «¡Qué pesadilla! ¡esto no acabará nunca!» En sus tiempos de prisionero de los italianos, de joven, durante la Primera Guerra Mundial, Schuschingg debería haber leído los artículos de Gramsci en vez de novelas de amor; tal vez entonces se habría tropezado con estas líneas: «Cuando discutas con un adversario, procura meterte en su pellejo». Pero nunca se ha metido en el pellejo de nadie, a lo sumo se embutió el traje de Dollfuss, tras haberle lamido las botas durante unos años. ¿ponerse en el lugar de alguien? ¡Ni le cabe en la cabeza a qué puede conducir eso! No se metió en el pellejo de los obreros apaleados, ni en el de los sindicalistas detenidos, ni en el de los demócratas torturados. ¡Ahora sólo le falta meterse en el pellejo de los monstruos! Duda. Es el ultimísimo minuto de su última hora. Y después, como de costumbre, capitula. Lo suyo es la fuerza y la religión, el orden y la religión, dice que sí a todo lo que le piden. Basta con que no se lo pidan amablemente. Dijo no a la libertad de los socialdemócratas, con firmeza. Dijo no a la libertad de prensa, con coraje. Dijo no al mantenimiento de un parlamento elegido, Dijo no al derecho a la huelga, no a las asambleas, no a la existencia de otros partidos que no fueran el suyo. Sin embargo, es el mismo hombre a quien después de la guerra la noble Universidad de Saint Louis, en Missouri, nombrará profesor de ciencias políticas. Seguro que sabía un montón de ciencias políticas, él que supo decir no a las libertades públicas. Así pues, transcurrido el breve minuto de vacilación –mientras en la cancillería penetra una cuadrilla de nazis–, Schuschingg el intransigente, el hombre del no, la negación hecha dictador, se vuelve hacia Alemania, la voz ahogada, la jeta colorada, los ojos húmedos, y pronuncia un débil «sí».*

*  La cita es un poco extensa, pero creo que merece la pena incluirla. 

Otra muestra nos la ofrece el premio Nobel Peter Handke en su poema "El reparto de bienes". En él plantea la idea de que hacemos nuestro aquello que nos favorece o deseamos; sin embargo, cuando eso no sucede no nos apiadamos de los demás:

Guardar silencio / acerca de aquellos casos / en los que no merece la pena / hablar de MI y NUESTRO; / por ejemplo, de / MI manzana agusanada; / por ejemplo, de / NUESTRA bombilla rota; / por ejemplo, de / MI cerilla mojada…

Guardar también silencio / acerca del caso / de un padre / que frente al cuerpo de su hija mutilada / por los neumáticos gemelos de un camión dice: / esta NO es mi niña, / esta NO es mi niña…

Guardar también silencio / acerca del caso / de un loco / que exclama durante el viaje: / esta NO es mi voz, / esta NO es mi voz… / y también / acerca del caso / del que tiene un orden de busca y captura / y que frente a la orden requisitoria afirma: / este no soy YO, / Este no soy YO.

Guardar silencio.


Los tres ejemplos son literarios, aunque uno tenga un trasfondo histórico. Sin embargo, nuestra realidad merece una atención especial, ya que algunos acontecimientos actuales en el mundo -como el de las víctimas en las guerras de Siria, de Yemen, el de los refugiados en Samos y en Lesbos (Grecia), el de los inmigrantes que llegan en patera a las costas del Mediterráneo, el de las mujeres asesinadas en América Latina y en todo el mundo por la violencia doméstica, el de la desprotección de los indígenas por la deforestación de la región del Amazonas…- merecen que este sentimiento no solo de compasión, sino de solución por parte de organismos internacionales, se extienda entre nosotros. En definitiva, como decía mi compañero el profesor de filosofía Fernando López Laso, si no consideramos como propio el problema de los demás, no conseguiremos un mundo de justicia universal.  


viernes, 11 de septiembre de 2020

Paraíso reclamado

 PARAÍSO RECLAMADO

Cada vez nos alejamos más de la naturaleza. Vivimos rodeados de cemento, incluso uno de los parques públicos al norte de Pinto se encierra entre bloques de cemento y no invita a pasear entre las acacias y los arriates que se distribuyen por un pequeño espacio.

Hay otro parque en la zona sur donde predomina el arbolado de chopos, castaños, guindos y pinos y también arbustos diversos, además de un gran estanque donde los patos se zambullen; si bien hay zonas que requieren una reforestación inmediata. Al principio de la inauguración encontrábamos espliego, salvia, romero y otras plantas aromáticas, ahora muchas han desaparecido o necesitan un cuidado constante.

A veces es posible ver cómo algunas semillas espolvoreadas por el viento tratan de sobrevivir entre esos armazones de hormigón y su verdor contrasta con el gris. La mano del hombre devora el instinto natural.

Si no hay una ocupación inmediata en buscar medios sostenibles en la construcción y en otras profesiones que tienen una implicación directa en la destrucción del medio, nos irá muy mal; de hecho, según la opinión de algunos grupos ecologistas la situación de nuestro ecosistema es irreversible: hemos deteriorado tanto nuestra naturaleza que ya no hay vuelta atrás, tenemos que adaptarnos a un medio ambiente en esas condiciones de deterioro. Así nos lo insistía Jorge Riechmann en un encuentro en febrero de 2014 en la biblioteca de la Casa de la Cadena de Pinto a través de una serie de debates que propiciaba el profesor Ignacio Gutiérrez mensualmente y del que se puede tener información en la página web que aún existe: http://respublicapinto.50webs.com/. Como el propio Riechmann señala en El siglo de la gran prueba, ya no cabe “aspirar al paraíso, sino evitar el infierno.” No podremos volver a una naturaleza virgen sin la intervención indigna y devastadora del hombre, pero es el hombre quien deberá resolver este conflicto por su propia supervivencia.

Para combatir la indiferencia y la ineptitud de los gobiernos en materia de recuperación de un ecosistema sostenible, sirva de modelo la iniciativa que Umberto Pasti nos cuenta en Perdido en el paraíso (Barcelona: El Acantilado, 2020. Tr.: José Ramón Monreal). La obra es una muestra de cómo un pedregal en Rohuna, en la costa atlántica marroquí cerca de Tánger, puede convertirse en un vergel gracias a la perseverancia de este diseñador de jardines que tuvo que luchar contra la voracidad de especuladores a quienes no les importaba dañar el medio, aun a pesar de ser para algunos un extranjero, un nazrani. Su tenacidad tiene como origen el amor por la vegetación, hasta el punto de identificarse con este jardín paradisíaco. “Mi cuerpo se ha convertido en este lugar”, dice al comienzo del libro y más adelante añade:

“Ando vagando por entre los diferentes espacios. Este jardín soy yo, por eso lo conozco tan bien. Bajo los escalones, tomo por el sendero, observo el valle y el mar que lo baña y, nítida como la primera vez, cuando me adormecí bajo la higuera, se perfila en mi mente la imagen de cómo será, de cómo ha sido siempre, justo encima de la casa, la hilera de almendros bajo los cuales florecen en invierno los narcisos y las dalias de verano; allí al lado, el invernadero para los limoneros y la rosaleda, y los arriates que celebran la fiesta campesina de las zinnias y de los clavelones.” (p. 60)

Es tan fuerte su entrega a la creación de este jardín, del que se puede ver una muestra en el siguiente enlace: https://www.elblogdelatabla.com/2018/05/umberto-pasti-perdido-jardin-rohuna-marruecos.html, que se convierte en su propio hijo:

Asistir a la maduración de un jardín que se ha hecho de la nada…, creo que es como ver crecer a un hijo. Temores para el futuro, mirada crítica sobre los defectos, muchas aspiraciones frustradas por la realidad…, pero también un orgullo inmenso, un orgullo indecible, porque un jardín es un niño que se asoma al mundo. (p. 242)

 

lunes, 3 de agosto de 2020

Literatura subversiva

DE LA SUBVERSIÓN EN LA POESÍA Y EL TEATRO

    Aplazo por unos días el final de mi "Cuento granadino", del que aún ni yo mismo tengo idea de por donde saldrá, para dedicarle una entrada a unos comentarios de varios artículos periodísticos que leí ayer dos de agosto en El País y que han llamado mi atención. 
    Se trata de la opinión de Mario Vargas Llosa en su artículo "La función de la crítica" en la que alaba la opinión crítica de algunos pensadores como Edmund Wilson para después sugerir alguna idea en la que no cabe la posibilidad de contrariarle, bien al contrario, cuando dice: "Una sociedad de buenos lectores es [...] más difícil de manipular y engañar por los poderes de este mundo. Eso no está claro en las democracias, porque la libertad parece disminuir o anular el poder subversivo de las novelas; pero, cuando la libertad desaparece, las novelas se convierten en un arma de combate, una fuerza clandestina que va en contra del statu quo, socavándolo, de manera discreta y múltiple, pese a los sistemas de censura, muy estrictos, que tratan de impedirlo."
    Quizás por su condición de novelista o porque otros géneros no tienen la popularidad de la narrativa, es curioso que la opinión de Vargas Llosa solo vea esa condición de subversión para la novela; pues añade después: "La poesía y el teatro no siempre son vehículos de aquel secreto descontento que encuentra siempre una vía de escape en la novela, es decir, son más plegables a la adaptación al medio, al conformismo y la resignación."
    Sin embargo, para contrarrestar esa idea sobre la subversión en la poesía, en la sección de El País Semanal de ese mismo día aparece el artículo de Irene Vallejo -autora del magnífico ensayo El infinito en un junco del que ya he hablado en alguna de estas entradas- "Voces en la frontera" en el que recoge un fragmento de la poeta mexicana Jimena González que contradice completamente el argumento del escritor peruano: "Alzo la voz para no negarnos, / porque tenemos nombre / y no dejaremos que lo olviden." Si buscamos información de esa autora en internet descubrimos su valentía al alejarse del mensaje oficial de muchas democracias y defender el feminismo a través de la palabra. Se puede ver en este enlace y en este otro hay dos poemas suyos con esos mismo planteamientos.
    Si buceamos en poetas que intentan subvertir el estado de la cosa pública y desentrañar sus contradicciones y, a veces, su corrupción, la nómina es inmensa. Baste señalar poetas como Antonio Machado, Pablo Neruda, César Vallejo, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Ángel González o, recientemente, Juan Carlos Mestre o Jorge Riechmann. También en mis poemas de Anónimos y de El eco de las voces se encuentran textos que difieren de esa idea de plegarse al statu quo. Aquí va una muestra incluida en Anónimos:

    Los prohombres de la patria
  escupen sus babas
  y bañan todas las mentes
  con palabras huecas,
  se convierten en ilustres
  en los mamotretos
  buscando la fuente de la edad
  y registran los bolsillos
  sin ensuciarse,
  al amparo de tiernos papeles
  alejados de la conciencia.
  Apenas un bostezo para enredar,
  un chasquido de dedos
  y el soborno se diluye.
    Nuestra vida se construye
  con el falso encanto de su presencia.

    En el teatro también encontramos esa misma necesidad de alterar el orden instituido y denunciar los abusos del poder económico y político. Curiosamente también hace pocos días en un telediario o en un documental se mencionó la reacción que supuso la representación de La torna de Els Joglars en 1977 y el encarcelamiento de todos sus integrantes. Pero la nómina de autores también puede ampliarse: Bertolt Brecht, Erwin Piscator, Vsévolod Meyerhold, Alfonso Sastre, Paloma Pedrero o alguno de los títulos de la sección de teatro  de Ediciones Irreverentes, cuyo nombre es de por sí toda una declaración de principios que contradice a Vargas Llosa.

martes, 14 de julio de 2020

Mentiras

BULOS

Los niños a veces cuentan mentiras para salvaguardar su integridad ante un hecho que se les prohíbe y, si observan que les funciona bien, es más que probable que vuelvan a mentir, incluso en situaciones que no dependan ya de prohibiciones o restricciones, es decir, aprenden a partir de experiencias y comportamientos personales que les son favorables o desfavorables. Se trata del clásico aprendizaje enunciado por B. F. Skinner y denominado condicionamiento operante.
    En la literatura, la mentira es fundamental para desarrollar cualquier ficción que contenga datos de la realidad, especialmente cuando esos datos incluyen nombres de personas de reconocido relieve histórico o de otro tipo. Basta volver a mis cuentos por entregas en este mismo blog que he titulado "Borgiana" y "Conferencia en Santo Domingo" donde se nombra a Jorge Luis Borges y a Manuel del Cabral, entre otros. Pero, ¿qué sucede cuando la mentira se expresa en medios que deben reflejar la realidad y dar cuenta de hechos que han de ser considerado verídicos? Hoy comprobamos que las mentiras se expanden en medios de difusión y en las redes sociales como foco de exhibición y opinión.
    Es intolerable que en medios de comunicación de supuesto prestigio aparezcan mentiras, bulos, patrañas o, como ahora se llaman, fake news, cuando debería primar la objetividad, en especial en las noticias que no requieren la opinión de los periodistas. Generalmente, en esos medios no se consulta la veracidad de la información porque persiguen otros intereses que no son los propios de la comunicación y ello se demuestra pues cuando se desvela la mentira, no hay retractación ni corrección. Bulos para condicionar el voto en unas elecciones, para desprestigiar a una persona pública o a un colectivo, para influir negativa o positivamente sobre determinados temas de actualidad...
    Me interesa analizar la etimología de la palabra bulo documentada por primera vez en el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de de Joan Corominas en 1920 ya con el significado actual de 'noticia falsa'. Su origen es una «voz jergal, tomada probablemente del gitano bul 'porquería, excremento' (propiamente 'trasero'); en el cambio de significado pudo influir bola 'mentira', 2º cuarto de siglo XVIII, aplicación figurada de bola 'esfera', en el sentido de 'cosa hinchada'.» Las referencias no dejan de ser meras interpretaciones del lingüista. en el Diccionario Español-Gitano-Germanesco de F. M. Pabanó aparecen los términos bul y bú 'ano, trasero', además de buló 'embuste, mentira'. Salvo que sea un errata ese acento agudo, parece difícil explicar el origen de bulo desde su homónimo buló. Curiosamente sí aparece en este mismo diccionario el término bulero, era 'embustero, era; falso, sa; mentiroso, osa' y bulería 'embuste, embustería'. Si consideramos que las palabras se forman por derivación, es lógico pensar que bulero y bulería deben generarse desde la palabra bulo y no desde buló. La relación con el 'trasero' la dejamos al imaginario del lector.
    Lo que no sabemos ‒aunque lo dejamos caer‒ es la posible relación entre bulero y buldero, reconociendo que el personaje del tratado quinto del Lazarillo es un buldero y se caracteriza por ser un embustero desalmado que vende bulas falsas. De aquí se podía extraer cierta semejanza entre bulas y bulos. Quizás esa letra "d" que separa al bulero del buldero tenga que ver con el deseo de la Iglesia por no identificarse con el significado gitano de embustero.

    Escuché hace unos días en Radio Nacional que los temas en que los bulos son más frecuentes se refieren al feminismo, a la homofobia y a la inmigración. Podríamos añadir a determinados partidos políticos y sus representantes. Ello genera odio a determinadas personas, colectivos o instituciones. ¿Qué se persigue con ello? ¿Por qué irradiar el odio y el desprecio? ¿Por qué hay personas que reproducen y consienten esos mensajes a sabiendas de que son falsos? ¿Por qué hay personas que, desconociendo la veracidad del mensaje, lo repiten constantemente? ¿Desconocen que esos bulos dañan la convivencia de todos los ciudadanos?

    Me gustaría ampliar esta entrada con un poema de El eco de las voces donde apunto la necesidad que tenemos de admitir al extranjero en nuestro país no sólo porque traiga dinero como turista o porque facilite el trabajo necesario en el país, sino por una simple y llana cuestión de hospitalidad. Debemos aceptar a otras personas tal y como son. El poema se titula "Canto" y habla de las trabajadoras inmigrantes de Ventas de Zafarraya (Granada) identificándolas con los esclavos negros de América que reproducían con su canto algo más que su tristeza por la lejanía de su país querido.

  Escucha la canción que acompaña a las temporeras que recogen el fruto que llega a tu mesa, es un canto lleno de silencio, de la emoción que ahoga su nostalgia. Es la misma melodía de los hollers de Texas que aminoraban su sudor con rabia de la balada. La misma música del gañán que arrastraba su vertedera y ajustaba el paso de su caballería con el grito desgarrado de la queja.
  Escucha su silencio secular y mira sus manos endurecidas, cada grieta es una ofrenda que alimenta tu bienestar, como la música de negros esclavizados, viajando en las alas de un ficticio pájaro mientras sus pies apenas se distancian del surco de algodón que enriquece al terrateniente.
  Escucha el dolor de su ausencia; no hay soledad en su canto, en la distancia el corazón de su familia late en la misma frecuencia con que entona tristes melodías.

viernes, 3 de julio de 2020

Distancias

DISTANCIAS


    Tras la publicación de Instituto público (Ediciones Irreverentes, 2017, 2ª edición 1918) me veía obligado a presentar una segunda obra de teatro juvenil que tuviera una estructura y temática similares a aquella por la aceptación que había tenido entre el público adolescente y también porque ese público devoto de la pieza me pedía que continuara con una segunda parte que aclarara el suceso final entre los protagonistas Joaquín y Sheila. Espero haberlo conseguido con esta pieza teatral.
    Como el autor es quien decide lo que debe hacer, me pareció que tenía que consolar a ese público que me pedía un desenlace; pero en la nueva obra no quería volver sólo sobre las situaciones de adolescentes, sino que deseaba desarrollar las circunstancias de lo que hoy es real en muchas familias: la relación de un joven y su hermano pequeño con sus padres que se ven obligados a estar ausentes de casa por cuestiones laborales casi todo el día. 
    El título de Distancias, aunque parecería que tiene en cuenta las circunstancias actuales de separación entre personas por la pandemia, en realidad se refiere a las diferentes relaciones que mantiene el protagonista con su familia y con sus compañeros de clase, especialmente con Irene. 
    La obra estaba escrita antes de que se conociera esta realidad que nos sumerge a veces en esta desolación de aislamiento social y se iba a presentar en el mes de marzo de 2020. Ahora la coyuntura obliga a una presumible presentación cuando todo se normalice. Mientras, cabe la posibilidad de conseguir el libro a través de este enlace de la editorial: 
http://www.edicionesirreverenteslibreria.com/epages/ea9759.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/ea9759/Products/2152
  

viernes, 12 de junio de 2020

Virginia Woolf

VIRGINIA WOOLF

   En los textos autobiográficos de Virginia Woolf (1882-1941) encontramos una evidente tristeza que nos conmueve. La referencia del paso del tiempo y de la ausencia de los seres queridos se presenta con claridad en el reconocimiento del olvido de su hermanastra Stella Duckworth, muerta en 1897. Stella se había convertido en la organizadora de la casa familiar al fallecer la madre de Virginia y la escritora inglesa, casi dos años antes de su suicidio, ya manifestaba estos pensamientos relacionados con la huella que habían dejado en las personas vivas sus seres queridos fallecidos: "¿Cuántas personas hay, en 20 de junio de 1939, que todavía puedan pensar en Stella? Muy pocas, Jack murió la pasada Navidad; George y Gerald, hace uno o dos años [...], quizá yo sea, entre cuantos viven, quien más verazmente y de manera menos inconexa pueda pensar en ella. [...] Creo, a juzgar por anécdotas dispersas y por lo que pude ver por mí misma, que cuando Stella comenzó a tener conocimiento, siendo niña, los años de desdicha se encontraban en su más honda sima." Esos textos autobiográficos demuestran el intento de relatar no sólo los hechos, sino cuáles eran los sentimientos y el carácter de la persona referida. "Dicen: 'Esto es lo que pasó', pero no dicen cómo era la persona a a quien le pasó. Y los hechos poco significan si no conocemos antes a la persona a quien le ocurren."
   La expresión de los sentimientos son la base de los pensamientos de la autora y también de la temática de sus novelas. Así se manifiesta en la voz de Clarissa, la protagonista de La señora Dalloway (1925), quien habla por la propia escritora al revelarnos su pesimismo sobre la condición humana: "Uno no puede traer hijos a un mundo como este. Uno no puede perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujuriosos animales, que no tienen emociones duraderas, sino tan solo caprichos y vanidades que ahora les llevan hacia un lado, y luego hacia otro. [...] Los seres humanos carecen de bondad, de fe, de caridad, salvo en lo que sirve para aumentar el placer del momento. Cazan en jauría. Las jaurías recorren el desierto, y chillando desaparecen en la selva. Abandonan a los caídos. Llevan una máscara de muecas." Aunque hay cierta inocencia en alguna de las ideas del personaje cuando considera que "los Dioses, que nunca perdían una oportunidad de dañar, frustrar y estropear el humano vivir, quedaban seriamente chasqueados si, a pesar de todo, una se comportaba como una señora."

   Virginia Woolf se convirtió en una de las abanderadas del feminismo en una época en la que el movimiento sufragista conseguía los primeros éxitos en el Reino Unido. Su obra Una habitación propia (1929) reúne las condiciones fundamentales para lo que todavía hoy es presumiblemente la liberación de la mujer, pues aún se denuncian o se censuran las marchas del 8 de marzo. Virginia Woolf propone que la mujer debe tener acceso al dinero y una habitación propia para poder conseguir independizarse de su situación de desventaja frente al hombre y lograr el acto creativo.
   En Una habitación propia Virginia apuesta porque "lo natural es que los dos sexos cooperen entre sí", argumentando que hay un plano femenino en el hombre y, viceversa, un plano masculino en la mujer, y "para que la mente pueda llevar a cabo el acto creativo es imprescindible la colaboración entre el hombre y la mujer. Debe consumarse alguna forma de unión entre los opuestos." Pues es la capacidad creativa, y la literaria concretamente, la que valora nuestra autora en su escrito y hay circunstancias que imposibilitan la disposición de determinadas personas para poder lograr esa aptitud. "Un niño pobre en Inglaterra sigue teniendo en la actualidad las mismas esperanzas de alcanzar esa libertad intelectual de la que nace la gran literatura que tenía el hijo de un esclavo ateniense de emanciparse", nos dice con una cita de Sir Arthur Quiller-Couch en The Art of Writing. Y ella añade que "La libertad intelectual depende de cuestiones materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo en los dos últimos siglos sino desde el origen de los tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido ninguna oportunidad de escribir poesía, por eso he puesto tanto énfasis en la cuestión del dinero y la habitación propia. De todos modos, gracias a los esfuerzos de esas mujeres anónimas del pasado, de quienes me gustaría que supiéramos más cosas, […] estos males están en vías de repararse.” 
   Efectivamente, en la actualidad, la mujer va acercándose a esa circunstancia de poseer independencia al acceder al nivel educativo de los hombres y al lograr un trabajo que le permite llegar al dinero y a una habitación propia; sin embargo todavía queda mucho por hacer, pues en muchos rincones familiares la mujer debe hacerse cargo de las tareas domésticas y compaginarlas con su trabajo sin la ayuda de su pareja masculina; además, vemos que todavía la mujer en todo el mundo se aleja de los puestos de responsabilidad en muchas instituciones. Hoy, casi un siglo después de la advertencia de Virginia Woolf, podemos decir que "estos males están en vías de repararse.” 

viernes, 5 de junio de 2020

Gunnar Ekelöf

GUNNAR EKELÖF

No se puede leer la poesía como quien lee un cuento o una novela, lo extraordinario de ese género es lo que esconde. Así me decía mi amigo Arturo recordando una cita de Gonzalo Torrente Ballester: "Pocas cosas conozco tan excitantes y, en cierto modo tan reconfortantes, como [...] ese proceso incógnito en que se engendra la obra poética: seductor por el silencio, fascinante por la oscuridad, inquietante por la ignorancia en que vive quien lo padece."
Es necesario releer y valorar con intención aquello que nos dice el poeta para, en ocasiones, no entender nada; en otras, interpretar las ideas que sugieren la combinación de palabras creadas por el autor a partir de nuestra experiencia, o simplemente intuir lo que nos quiere hacer creer. Fíjense en estos versos del poeta sueco Gunnar Ekelöf (1907-1968), de su libro Dedicatoria (1934): 

La hora del odio ha llegado. En las horas decisivas  de las noches
La sangre late con mayor fuerza en los conductos de la soledad
Y el cuello del pensamiento que lo une a la vida
Es aplastado lentamente bajo el cristal de la eternidad.

Si observamos que esos versos pertenecen al poema titulado "Berlín 1933", nuestra experiencia nos permite contextualizar el sentido que tienen con perfecta claridad.

En el siguiente poema Ekelöf se mostró a sí mismo como un poeta al que había que considerar desde la lectura "entre líneas", como indica en "Poética", incluido en Opus incertum (1959):

Es el silencio lo que debes escuchar
el silencio escondido tras apóstrofes, alusiones
el silencio en la retórica
o en la llamada perfección formal
Esto es la búsqueda de un sin sentido
en lo que tiene sentido
o viceversa
Y todo lo que con tanto arte intento escribir
es por contraste algo sin arte
y todo el relleno está vacío
Lo que he escrito
está escrito entre líneas.

Es evidente que el poeta esconde en ese silencio ciertas connotaciones subjetivas difíciles de desentrañar.

Este otro fragmento del poema "Inscripción fósil" de sus inicios simbolistas está dedicado a la memoria del pintor sueco Carl Fredick Hill (1849-1911) y me recuerda la poesía de Juan Carlos Mestre. Más abajo reproducimos el cuadro "Fantástico paisaje rocoso" del pintor.

Yo era el príncipe de los susurros en el bosque que se mecía profundamente bajo la leche del oleaje y el viento sediento,
En el bosque donde las hierbas secretas levantaban su negra corona de polen entre las raíces que descendían sinuosas al estanque de las aguadoras y los pozos de los lagartos.
Yo era el príncipe de los susurros en la tienda de campaña de agua donde todas las voces ciegas servían a mi nombre,
En las azules grutas del castillo de agua donde el atardecer gotea de ubres de piedra.


Reunir en una sola entrada la profundidad de la poesía de Gunnar Ekelöf sería imposible. Quiero añadir unos versos sueltos de su última obra Partitura (1969) publicada póstuma:

Vivo en la esperanza
en la que siempre he sufrido:
llegar a ser comprendido alguna vez

Y en otro poema encontramos esta bellísima declaración de amor:

Te alejo de mí
sólo para abrazarte con mayor intensidad
en el próximo instante de deseo

Todos los poemas seleccionados están traducidos por Francisco J. Uriz y se pueden encontrar algunos libros de Ekelöf en castellano en este enlace.

sábado, 30 de mayo de 2020

De tertulias literarias (II)

DE TERTULIAS LITERARIAS (Segunda parte)

En la tertulia de El Balcón de la plaza de San Ildefonso lo que parecía un encuentro entre poetas poco a poco se convirtió en una reunión de amigos. Allí coincidíamos Jesús Urceloy, Eduardo García, Luis Miguel Serrano y yo que proveníamos de otras tertulias, y Juana Rubio, María Jesús Varela, María José García, su hermana Sonia, Ángel Barahona y Gonzalo Rubio. A veces aparecían por allí otros noveles escritores que, como nosotros, buscaban salir del anonimato. Éramos un grupo que no sólo tenía en común la poesía, sino cualquier inmersión en lo cultural en aquellos felices años ochenta; por supuesto, no todo era literatura, la farra hasta altas horas de la madrugada era lo común cuando nos veíamos. 
El encuentro en El Balcón cada vez nos atraía más, nos unía el compartir nuestras creaciones con total confianza, la sugerencia de lecturas que devorábamos con gusto y el tener a mano la originalidad creativa de todos nosotros y en especial de Urceloy, especialmente con su obra de teatro Don Luis en la picota o El taimado vespertino. Se trataba de una "Comedia en estilo bastante medieval", similar a La venganza de don Mendo, que se desarrollaba en la corte de Bratislabia; un país imaginario con un prudente y serenísmo monarca, y su cohorte aristocrática, un juglar animoso, un abad malvado y dos pérfidas mujeres, curandera una y bruja la otra. Lo curioso es que los personajes estaban pensados con cada uno de nosotros mismos. En otra ocasión escribimos un relato a varias manos en que desarrollamos la idea de un párroco que trataba de vencer por sí solo la lujuria del mundo, lo curioso del relato era que caía en las mismas redes de quería salvar. El título era "Irreverencia" y lo quisimos presentar al premio La hucha de oro de CajaMadrid que por entonces premiaba aquellos relatos que resaltasen los valores morales y espirituales. 
En una ocasión se organizó una velada poética con invitación incluida en el séptimo aniversario de la tertulia. En ella participamos los cuatro integrantes de la información que aparece en la foto inferior.

En la Biblioteca Central de la calle Felipe el Hermoso coincidimos Eduardo García y yo preparando la oposición a secundaria, él por Filosofía y yo por Lengua y Literatura. Allí ganamos para nuestra causa tertuliana a Julio Antonio de la Cierva que preparaba su oposición a Judicatura. También estaba allí Jesús Urceloy, pero en otros menesteres laborales. De entonces es este poema que apareció en El disfraz de los paisajes (Amargord, 2012) con el título precisamente de "Biblioteca Central" y que recuerdo que lo escribí allí en un momento de inspiración. 

Apenas hay rasgos de continencia en las frentes.
Se diluyen en palabras
tráfagos de oscuridad
y latente Dioscórides en la búsqueda.
No importa que sea tarde
o que quizás llamen
tras un terrible y acuciador cristal
y..., solo eso:
movimiento de labios y brazos,
perdiéndose lejanamente
en un trémulo fulgor de los ojos.
¡Qué importa si aquí se esconde la noche
o si es preciso anotar 
en papeles perdidos
que la carne de biblioteca yace en bostezos
o delirios con los ojos!
Afuera, todo es mentira.

Durante algún tiempo me perdí en otra tertulia que dirigía Mariano Herranz en la Cafetería Cervantes, en el Barrio de las Letras. Allí nos juntábamos Ángeles López-Verde, Sonia G. Rincón, Ramón Bermejo y a veces acudía un compañero filólogo que andaba con el doctorado sobre Ramón Gómez de la Serna y del que he olvidado el nombre. De esa tertulia recuerdo un recital poético en el Salón de Actos del Centro Cultural Buenavista con el acompañamiento al piano de Elena Alcaide. 

No sé cómo la tertulia de El Balcón pasó a celebrarse en el pub La Torrecilla de la calle Torrecilla del Leal, cerca del barrio de Lavapiés. Allí se nos unieron Ángel Zapata y Alfonso Fernández Burgos y también aparecían por allí Rafi Valenzuela e Isabel Gutiérrez, que se nos fueron haciendo inseparables a Eduardo y a mí respectivamente.
Alfonso, por entonces director de la revista de Muface, sugirió que hiciésemos una revista con las creaciones que proponíamos en nuestras conversaciones. El título ya lo teníamos: sería Bratislabia y ello permitió recordar a tan insignes personajes a quienes dábamos de nuevo vida jactanciosa. Hubo algunos intentos de que aquella revista tuviera una salida digna, también un par de poemas laudatorios: uno de aire latino de Gonzalo y otro de Jesús al estilo de las coplas de Mingo Revulgo, incluso un editorial y algunas reales pragmáticas de su majestad de la corte bratislábica. El mayor aliciente de la tertulia era el desenlace en la denominada "zapatilla", un suculento manjar celebrado con cerveza en una tasca de la calle Ave María. 
Poco a poco fuimos perdiendo tertulianos: Eduardo se fue a Córdoba, Juana a Alemania, Gonzalo a Estados Unidos, Luis Miguel desapareció sin dejar huella y todos nos perdimos en el olvido del tiempo.